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Por la paz

  • Actualizado: 31 diciembre 2015 /

    La mirada hacia los últimos doce meses invita a otear en el horizonte el nuevo año en clave de esperanza que para el papa Francisco es un gran desafío para vencer la indiferencia y conquistar la paz. El reciente pasado se alza como vigía en el nuevo ciclo anual recién estrenado.

    “Las guerras y los atentados terroristas, con sus trágicas consecuencias, los secuestros de personas, las persecuciones por motivos étnicos o religiosos, las prevaricaciones, han marcado de hecho el año pasado, de principio a fin, multiplicándose dolorosamente en muchas regiones del mundo hasta asumir las formas de la que podría llamarse una “tercera guerra mundial en fases”.

    “Pero algunos acontecimientos de los años pasados y del año apenas concluido me invitan, en la perspectiva del nuevo año, a renovar la exhortación a no perder la esperanza en la capacidad del hombre de superar el mal, con la gracia de Dios, y a no caer en la resignación y en la indiferencia. Los acontecimientos a los que me refiero representan la capacidad de la humanidad de actuar con solidaridad, más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la indiferencia ante las situaciones críticas”.

    El planteamiento del Pontífice no se enclaustra en los dos límites en los que la historia de la humanidad ha marcado sus etapas: el bien y el mal, cuya radicalización ha impedido el diálogo creativo en la familia humana.

    “Hay muchas razones para creer en la capacidad de la humanidad que actúa conjuntamente en solidaridad, en el reconocimiento de la propia interconexión e interdependencia, preocupándose por los miembros más frágiles y la protección del bien común. Esta actitud de corresponsabilidad solidaria está en la raíz de la vocación fundamental a la fraternidad y a la vida común”.

    Sin embargo, el desviar la mirada, el silenciar sentimientos y el declinar responsabilidades crean la indiferencia globalizada que “en el plano individual y comunitario asume el aspecto de inercia y despreocupación, que alimenta el persistir de situaciones de injusticia y grave desequilibrio social, los cuales, a su vez, pueden conducir a conflictos o, en todo caso, generar un clima de insatisfacción que corre el riesgo de terminar, antes o después, en violencia e inseguridad”.

    “La indiferencia y la despreocupación que se deriva, constituyen una grave falta al deber que tiene cada persona de contribuir al bien común, de modo particular a la paz, que es uno de los bienes más preciosos de la humanidad”.