Tontos e inteligentes son quienes usen la apertura, inteligentemente para salir del atolladero y rematadamente desequilibrados para dar más espacio al virus. Y aquí es donde viene el problema, no tanto de la situación, sino de la actitud y el compromiso de quienes vivimos este insólito e indeseado período y de quienes por sus responsabilidades están en el timón de la nave.
En los últimos días, la reanudación de la actividad en las terminales aéreas ha dado un respiro y una imagen más favorable a nuestro país, pero el beneficio será más para los viajeros hacia afuera que la afluencia de turistas extranjeros. Este sector de la economía, en algunos países estratégico, tardará meses en su recuperación, pues al daño de la pandemia en lugares receptores hay que sumar las pérdidas en las operaciones de las líneas aéreas y la disminución de confianza y credibilidad en los lugares turísticos.
Es necesario repensar, recrear el turismo, ya que la afluencia de viajeros será casi exclusivamente nacional y con el agravante de la disminución de capacidad, aunque la necesidad de salir, de viajar, se imponga a otra que en situaciones normales tendrían prioridad.
Hay que salir, redoblar actividades, y todo ello con gran equilibrio, de manera que la salud y la economía, también necesariamente muy saludables para la familia y el Estado, vayan apuntalando con seguridad ese futuro inmediato que ya queremos ver como presente.
Aludiendo a la salud y a la economía, una leyenda sufí, rama mística en el islam, puede aplicarse a nuestra situación: en un bosque se encontraron un ciego y un paralítico.
Ambos atrapados en el atolladero de su respectiva discapacidad expresaban sus quejas, uno por no poder ver y el otro no poder caminar. Uniendo las limitadas capacidades hallaron la solución. El paralítico dijo: “Súbeme a tus hombros, te daré mis ojos, y tú a mí, tus piernas”. Pudieron salir del bosque.
Salud y economía, pies y ojos, ambos complemento eficaz y necesario en esta pandemia, que se inició como gran desafío sanitario, pero que va desembocando en otra inmensa pandemia, la economía, cuyo desplome es sinónimo de desempleo, pobreza, enfermedad y muerte. Por ello, todos a una, no puede haber salvación sin el otro, lograremos salir de estas profundas y desconocidas honduras.