Diga, diga es el consejo del gobierno de Joe Biden para atacar directamente el cáncer de la corrupción en los países centroamericanos con gran flujo migratorio hacia el norte. Quien sepa reporte directamente al FBI para ir a la caza de esos capitales en el sistema bancario norteamericano, de manera que la acción fija al centro se transforme en una herramienta directa y eficaz para llegar a una de las causas de la migración irregular hacia la Unión Americana.

“La corrupción y la impunidad en la región debilitan la democracia, incentivan la migración y representan una amenaza a la seguridad nacional”, señaló el Departamento de Justicia norteamericano al presentar la más reciente iniciativa, aunque no es la más eficaz, para disminuir la enorme presión en su frontera sur, que ha rebasado las previsiones, obligando una marcha atrás que, silenciosa y lentamente, acerca a nefastas decisiones de la administración anterior.

El origen de los masivos desplazamientos se halla en la incapacidad de los Gobiernos centroamericanos y de la zona del Caribe en atender las necesidades de la población, que anhela mejorar la calidad de vida o, por lo menos, dar respuesta a sus necesidades fundamentales. Las causas de las limitaciones son múltiples, pero una muy visible y demoledora es la corrupción, cauce para el desvío de recursos del Estado en beneficio individual, familiar y de grupos de poder.

Claro que muy simplonamente ligar migración con corrupción es fragmentar un problema muy complejo, de largo pasado histórico y con el arraigo en una complacencia “bendecida” por quienes hoy, tras fracaso de visiones inmediatas, recurren a la transparencia y ética, como siempre debiera haber sido. En el camino para la solución del atraco a mano desarmada hay clara colusión colectiva interna y externa.

Como en el ámbito del narcotráfico, en la corrupción resaltan dos poderosos elementos, la fuente, el origen de los recursos mal habidos, y el arca segura donde guardar. Y hacia la guarida, interna y externa, debiera dirigirse la acción contundente, imparable e inteligente de la investigación. Esto es esperar, sin esperanza, el canto del gallo en un nuevo, esplendoroso y prometedor amanecer.

El mensaje de Washington: “No se calle”, pero su práctica es ruta de desánimo, pues los resultados serán, si son, a lo largo plazo, mientras que la corrupción se asienta con mayor fuerza, tal y como queda en evidencia en las últimas decisiones del Congreso. Para un lado o para otro vuelan los recursos mientras se habla de préstamos, de ayudas adicionales o de condiciones favorables en créditos.