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Navidad

  • Actualizado: 24 diciembre 2019 /

    Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”, concluye el anuncio sobrenatural de aquel acontecimiento en Belén que hoy, siglos después, viven millones de personas cuya fe en quien se definió como camino, verdad y vida, da sentido a la existencia y fortalece una dimensión superior: “Donde yo esté, estaréis también vosotros”.
    En el relato bíblico sobresale el anhelo de amor y paz como mensaje central para la humanidad que, a lo largo de su historia, no ha logrado hacer realidad la proclama de personas amantes y promotoras de la paz. Al contrario, la experiencia nos conduce hacia la ley de la selva, al clima de inseguridad, ambiente bélico y miradas hostiles que envenenan la agenda diaria de pueblos y personas.

    ¡Es Navidad! Tiempo de nostalgia, oportunidad de fortalecer los lazos de familia y ocasión para arrancar el odio y poner fin a la desesperanza. No es utopía ni opio, es misterio para creer en la presencia y actuación divina en la historia de la humanidad que no ha llegado a comprender el inmenso espacio para la comprensión, la solidaridad y el respeto en el casi infinito espacio de la diversidad.

    “Sabemos que a menudo la guerra comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesión y la voluntad de dominio”, señala el papa Francisco, quien añade que la paz no se defiende con una “mentalidad de miedo y desconfianza”, puesto que envenenan las relaciones entre los pueblos y obstaculizan todo diálogo. La paz se encauza por los canales de la solidaridad y la cooperación.

    ¡Es Navidad! La buena noticia proporcionada en primicia por seres superiores en Belén y que cobra brillo espacial, aunque el consumismo desvía el interés de muchos en estos días. La controversia sobre la fecha del nacimiento de Jesús no cabe en personas de fe, pues lo que se celebraba en el solsticio de invierno, el principio del fin de la oscuridad que daba paso al comienzo de los días con mayor luz solar. “Yo soy la luz del mundo”, es el fundamento de las festividades cristianas.

    En la sonrisa de un niño, en sus ojos inquietos y en su rostro inocente. ¡Es Navidad! En la mirada lejana de un anciano o, con eufemismo para contribuir a la alegría, acaparador de años, rebosando nostalgia y mil historias. ¡Es Navidad! Con sinceros deseos y espíritu cristiano. ¡Es Navidad! LA PRENSA se une a todos los hondureños para vivir la alegría y la esperanza de Dios entre nosotros desde aquella primicia en Belén y la promesa de paz a las personas de buena voluntad.