Tal el período de gracia que tradicionalmente es otorgado a un nuevo gobierno a efecto de concederle una pausa temporal que le permita contar con una visión de conjunto de la problemática nacional y sus nexos con las coyunturas internacionales e iniciar el diseño de estrategias puntuales para hacer frente a los distintos retos a ser encarados y resueltos.
El inmovilismo facilita el progresivo agravamiento hasta desembocar en crisis que dañan la credibilidad e imagen oficial por parte de la ciudadanía y los países amigos. Se trata de un compás de espera razonable que ofrece una idea del rumbo y orientación del régimen entrante, con cambios y continuidades respecto al reemplazado.
Entre las críticas hasta ahora formuladas debe incluirse el haber suprimido en las partidas del presupuesto nacional de egresos e ingresos diversos programas de asistencia social, lo que impactará negativamente en la calidad de vida de sectores poblacionales tradicionalmente marginados.
Igualmente, el nombramiento de funcionarios de alto nivel que han interpuesto demandas contra el Estado, con un evidente conflicto de intereses entre lo público y lo privado.
No todos los ministros y ministras seleccionados para estar al frente de sus respectivas secretarías han demostrado, hasta ahora, la implementación de medidas innovadoras que marquen diferencia cualitativa respecto a quienes les precedieron en el cargo. Entre los aciertos destacan la canciller Mireya Agüero, poseedora de sólida experiencia en la conducción de nuestras relaciones con el mundo.
El Poder Legislativo se muestra aún renuente a la implementación de necesarias reformas al presente sistema electoral, despolitizando a los órganos respectivos y reemplazándolos por personal sin nexos ni compromisos con los partidos políticos. Su titular, que prematuramente está proyectándose como eventual precandidato presidencial, debería concentrar su quehacer cotidiano en la conducción inteligente del Congreso, priorizando aquellos proyectos de ley más urgentes y relevantes.
Hasta ahora no ha sido posible frenar la inseguridad imperante, que coloca en riesgo cotidiano a las personas y sus bienes. El crimen organizado, los narcotraficantes y maras continúan en su quehacer delictivo desafiando a las fuerzas del orden público.
La presente severa crisis energética está cada vez más obstaculizando, y poniendo a prueba, la capacidad del Gobierno presidido por el presidente Asfura, para cuando menos disminuir sus diversos impactos, que trastocan la planificación y planes operativos.
Se requiere poner en práctica programas imaginativos que intenten hacerle frente con posibilidades de superarla, al menos parcialmente, dado que sus causales exógenas limitan las alternativas para remontarla a cabalidad en tanto se prolongue indefinidamente.
A partir de mañana queda atrás la tregua otorgada, dando paso a señalamientos y críticas que deben ser de carácter propositivo y constructivo, ofreciendo alternativas realistas, ni sectarias ni demagógicas, para ser tomadas en cuenta por el sector público, convocando, toda vez que sea necesario, a las fuerzas vivas de la nación para, al unísono, analizar y encontrar convergencias que faciliten marchar hacia adelante en la gestión del país.
Los medios independientes de comunicación masiva estamos en la obligación de contribuir a tales propósitos, de manera sincera e inteligente.