Desde diferentes instancias de la sociedad civil, desde las organizaciones gremiales, desde los organismos multilaterales e internacionales, desde la academia, desde las iglesias, desde los medios de comunicación, se ha hecho el llamado a la clase política nacional para que, durante el inminente proceso electoral, durante el escrutinio, y luego de conocidos sus resultados, se pongan todos los medios para preservar la paz social y evitar los enfrentamientos entre hondureños. Lo que se ha pedido es que prevalezca una permanente actitud de diálogo, una civilizada resolución de los conflictos y desacuerdos, y que el país no vaya a ser sometido a mayores sufrimientos, además de los que ha padecido a raíz de la pandemia, tormentas Eta y Iota, no sin olvidar las dificultades producidas por los sucesos de 2009 y todas sus consecuencias.

Desde este espacio editorial lo hemos dicho muchas veces y lo repetiremos mientras sea necesario: Honduras es de todos los hondureños; ningún partido político, ninguna persona o grupo puede actuar de manera unilateral y pretender dirigir el destino de la patria sin tomar en cuenta la voluntad del resto de los que aquí vivimos. La convivencia democrática exige el respeto a las diversas posturas vitales, a las distintas maneras de concebir el mundo. La imposición violenta, el irrespeto a las normas y a la ley, no cabe en una sociedad que busca un mejor futuro para sus miembros.

La búsqueda del bien común, entendido este en su concepción original, y que no es más que el establecimiento de unas condiciones que hagan posible el desarrollo pleno, integral, de hombres y mujeres, solo es posible en un clima de paz. El odio, los resentimientos, la sed de venganza, la división, no generan más que confrontación. Y, bajo esas condiciones, el panorama es poco alentador.

Por lo anterior, nuestros dirigentes políticos más prominentes, deben, antes, durante y después del proceso, actuar con suma cordura, con cabeza fría, con responsabilidad, para evitar mayores fracturas en la familia hondureña y para que así podamos encaminarnos, en primer lugar, hacia un verdadero proceso de reconciliación, y, luego, hacia un compromiso colectivo para buscar solución a tantos problemas que nos aquejan y que, en lugar de haberse resuelto, parecen complicarse. El tema de la educación pospandemia, solo para mencionar uno, urge de un abordaje inmediato y global, de un esfuerzo compartido, que una sola fuerza política jamás podrá enfrentar exitosamente.

Así que, Honduras debe ser la preocupación antes, durante y después de las elecciones. Y por ella es que el pueblo pide cordura a sus dirigentes.