En este maremágnum, confusión, en que nos encontramos seguimos hallando huellas de la ruta cada día más identificada, puesto que la sabiduría popular nos dice que por la víspera se saca el día, que entre nosotros es más común aquello de que “por víspera se conoce la fiesta”. Despejado su matiz religioso, nos dice que lo inmediato nos muestra el futuro cercano, lo que es una afirmación aceptada dadas las experiencias inmediatas, las personas protagonistas de los hechos y las permanentes necesidades del pueblo.
Lo que no se logra aún por la ruta políticamente correcta se hace bajo el aberrante principio del que manda, manda. Claro que ello con la vestimenta de una legalidad tan débil que no se sostiene ni con pinzas. Pero así somos, lo que ayer era deplorable e inaceptable hoy se convierte en rutina diaria con el disimulo y aferrándose al adagio clásico de “quien hace la ley hace la trampa”, pero los entrampados no son ellos, sino la mayoría, que espera un nuevo amanecer en calidad de vida, convivencia civilizada en paz, justicia y libertad.
Mientras aquellos que dijimos echan mano de una comisión permanente a su gusto para nombrar los fiscales general y adjunto con el calificativo de interinos, otros muchos y graves problemas imposibilitan el accionar diario de miles de hondureños y limitan la capacidad de supervivencia de cada vez más familias por el desempleo y la violencia. Incentivar la oportunidad de trabajo y proporcionar seguridad a los ciudadanos debieran ser los ejes de una política social que hasta el momento ni aparece en el horizonte, muchos menos en las decisiones y actuaciones del Gobierno.
La crisis en salud no tiene ni eco en el Ejecutivo, que no quiere ver los tres mil médicos que no encuentran trabajo ni en el sistema público ni en el privado. Centenares de maestros esperan también oportunidad, y no pocos, según reconoce la misma fuente oficial, se hallan expuestos a la violencia organizada, por lo que presentan solicitud de traslado. Salud y educación, las dos grandes llagas en el país que por décadas esperan redención, no demagogia ni retórica.
La función continúa con el gasto del presupuesto y no con la inversión, ambos en tan deficiente ejecución que el primero alimenta una burocracia partidista de turno bien atendida, mientras que la infraestructura vial, la edificación de hospitales, clínicas, centros de salud y escuelas quedaron paralizados, lo mismo que el mantenimiento de lo existente, y la parsimonia en las licitaciones y contrataciones. Ya hace días las vísperas vienen anunciando la gran fiesta cuatrienal que, sin duda, será otra prueba de lo que no debiera ser tras cuatro años de acelerada caída.