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La paz

  • Actualizado: 31 diciembre 2019 /

    En la Jornada Mundial de la Paz, 52 años después de la iniciativa pionera, recordamos la invitación del primer mensaje del papa Paulo VI: “Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad… para que esta celebración se repita como presagio y como promesa al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, que la paz con su justo y benéfico equilibrio domine el desarrollo de la historia futura”.

    El equilibrio, justo y beneficioso, al que convocó aquel primer desafío, hace más de medio siglo, está aún ausente en la humanidad, como reconoce el papa Francisco, quien propone para este año la paz como camino de esperanza que se proyecta en el diálogo, la reconciliación y conversión ecológica, temas de acuciante actualidad ante los conflictos y las guerras con capacidad destructiva creciente.

    No será un acuerdo ni una promesa o retórico discurso, como tampoco el fatídico ambiente del silencio y tranquilidad que nos conducen con frecuencia a la violencia, porque la desconfianza y el miedo crean ficticias relaciones que, en un instante determinado por intereses egoístas, todo se transforma en ilusión de paz y seguridad.

    e_SDLqAbrir y trazar un camino de paz es un desafío muy complejo por los intereses que están en juego en las relaciones entre personas, comunidades y naciones”. Las pruebas, ayer, hoy y mañana, pues aún en temas de gravedad inminente los intereses económicos, el auge comercial y el dominio político drenan iniciativas y esfuerzos para trazar y recorrer el camino de la paz, en el que se renovarán los esfuerzos de reconciliación personales y colectivos.

    El papa Francisco sigue manteniendo en alto no solo la importancia, sino la urgente necesidad de protección y defensa del ambiente, pues el empuje consumista, cebo en el anzuelo de prosperidad y bienestar, ha generado un alto nivel de hostilidad hacia los demás y de irrespeto y destrucción de la casa común. Disfrazar el fracaso de la reciente cumbre sobre el cambio climático, celebrada en Madrid, más que imposible es estupidez.

    La conversión ecológica traza una nueva mirada sobre la vida y nos recuerda la alegre sobriedad de compartir. En círculos de poder, así como en muchas conciencias personales, estas consideraciones suenan a poesía, pues la intolerancia y la perversión crean la escena para el miedo y desconfianza en la que se asfixian las aspiraciones de los pueblos y las ansias de las personas de vivir en paz, camino de esperanza, diálogo, reconciliación y conversión ecológica, señala el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz hoy 1 de enero de 2020.