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Justos y pecadores

  • Actualizado: 02 septiembre 2016 /

    ¡Qué ingratitud! Expresión, sin duda, que puede generalizarse en la sociedad al considerar las condiciones del mercado laboral en el que para ingresar se exige una edad en la que no cabe aún el ambicioso expediente de experiencia exigido. Del otro extremo, no siempre con la seguridad de una jubilación digna tras la larga jornada laboral, la edad también marca definitivamente la vida de trabajo, con discriminación por los años en todos los ámbitos.

    Y lo malo es que no hay políticas, como en casi todos los campos, definidas para la población de edad adulta que sin llegar siquiera al denominado período de la tercera edad recibe el “gracias” y habitualmente, con raras excepciones, particularmente en organismos e instituciones públicas, se cumplen los derechos labores y aquellos otros establecidos en el régimen particular de jubilación, para los cuales han cotizado durante los años.

    Lo anterior surge del anuncio de la Comisión Especial de Depuración de la Policía Nacional sobre la jubilación de aquellos agentes policiales mayores de cincuenta años. Es cierto que el trabajo policial, en las calles, requiere de condiciones físicas que en cinco décadas de existencia presentarán desgaste, pero no para poner el letrero de “incapaz” ya.

    Es precisamente, en todos los campos, la edad en que la experiencia se ha ido aquilatando, de manera que de los 40 a los 60 son de rendimiento de calidad con lealtad, obviando, por supuesto, a los malandrines, pillos y delincuentes que en todas partes hay, pero no se debe juzgar a todos con la misma vara o tomar decisiones al por mayor, porque la evaluación es masiva llevaría “siglos”.

    Es un decir, pero en el cuerpo policial habrá inquietud y decepción, pues aunque se presente con toda normalidad el paso al sistema de jubilación más de uno, con capacidad y honestidad, sentirá de que puede. “No es perorata”, explica el ministro de Seguridad al referirse a la construcción de una “nueva policía” y los hechos lo están respaldando, pero más que a la edad, habrá que apuntar a la catadura moral, profesional y física antes que a la fecha de nacimiento, pues los hay como robles a pesar de las décadas.

    A grandes males, grandes remedios, dice la sabiduría popular, pero que las decisiones sean en la dirección correcta para evitar en todo momento que paguen justos por pecadores, pues si hay muchos de estos, también abundan aquellos.