En cuestión de semanas, miles de niños y jóvenes que estudian en escuelas y colegios que siguen el calendario europeo-americano volverán a clases. Hay en el territorio nacional alrededor de quinientos establecimientos educativos que utilizan ese calendario y en los que el idioma inglés es el vehículo de transmisión del conocimiento en materias como Matemática, Ciencias Naturales, Estudios Sociales y, por supuesto, de la misma lengua inglesa, en los que esa gran cantidad de futuros ciudadanos cursan sus estudios primarios y secundarios. Es este un hecho muy positivo porque el bilingüismo es hoy por hoy una exigencia fundamental en la sociedad global en la que vivimos, porque facilita la inserción laboral y abre puertas en el país y en muchas otras latitudes. Más que cualquier otro idioma, el inglés es, sin lugar a duda, la lengua franca con la que se comunican hombres y mujeres de todas las latitudes.
Hay escuelas y colegios bilingües casi para todos los bolsillos. La mayoría de los municipios de Honduras cuenta con por lo menos uno de ellos. Es cierto que las competencias que se logran en el uso de la segunda lengua no son homogéneas de una institución educativa a otra, pero también es cierto que, en la mayoría de estas escuelas se logra una conciencia fonética aceptable, igual que unas habilidades lectoras y de escritura que permiten un manejo suficiente de la lengua extranjera, del inglés, para ser precisos.
Es muy importante que los padres de familia estén conscientes que el aprendizaje de un idioma conlleva, necesariamente, el aprendizaje de una cultura y que, para evitar el riesgo de que nuestros niños y jóvenes pierdan su identidad hondureña y, sobre todo, aprendan a valorar y a amar a Honduras, pongan un especial empeño en cultivar unos valores cívicos nacionales. Si esto no se hace puede suceder que nuestra niñez y juventud padezca un proceso de despersonalización y que llegue a ver casi con desprecio lo nuestro y su aspiración mayor sea abandonar la tierra que lo vio nacer.
En este sentido, la formación y los valores que trasmiten los padres es esencial. Cuando los hijos crecen oyendo a sus padres quejándose y casi maldiciendo la realidad nacional, aprenden a renegar de Honduras. Es verdad que hay que trasmitirles una actitud crítica y no esconderles la problemática que el país enfrenta, pero no con el fin de sembrar en ellos sentimientos de rechazo sino para prepararlos para hacer de este un mejor lugar para vivir.
Si hay virtud que se aprende en la casa es el patriotismo. Y este no está reñido con el conocimiento de otra cultura y otra lengua.