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Felicitación

  • Actualizado: 22 diciembre 2015 /

    En el mensaje de felicitación navideña la Conferencia Episcopal ubica en la dimensión de fe y amor las celebraciones de estos días en los que las preocupaciones se evidencian en el ruido, en las presiones del consumismo sin fronteras, más allá de las posibilidades reales de muchas familias y en el alejamiento, cada vez mayor, de la causa de la celebración.

    “Esta buena noticia (la misericordia del Padre que nos entrega al Salvador) es el fundamento de la alegría, la paz y la bondad que cada año nos deseamos o experimentamos, pues resuena de un modo especial en este momento en el que el papa Francisco nos ha convocado al Jubileo de la Misericordia”, recuerdan los obispos en su felicitación, señalando el desvío de la ruta tanto del origen como del compromiso de paz y amor que pasa eficazmente de las palabras a las acciones.

    “En medio del bullicio y el ruido de la fiesta recuperemos espacio y tiempo para el silencio en cada familia, en cada comunidad y en la intimidad de cada uno. Cuando avanzamos hacia el final del año, de la vida consagrada, pedimos a las comunidades religiosas, especialmente a las contemplativas que nos ayuden con todo el pueblo de Dios a ahondar en un silencio que reconoce la música callada de la ternura y compasión, de la indulgencia y el perdón de Dios”, aconsejan los prelados.

    Pero no todo es poesía o dulce misticismo. La realidad está ahí e interroga: “Contemplar el misterio de solidaridad de quien no se avergüenza de llamarse hermano nuestro no nos encierra en el intimismo y, mucho menos, en la indiferencia o el cinismo. Aquí, en esta Honduras nuestra, en este año tan lleno de corrupción y escándalos, Dios no se avergüenza de llamarse hermano nuestro; abramos el corazón para dejarnos querer y para aprender a querer, a reconciliar, a perdonar y a restituir lo defraudado y a compensar el daño causado”.¡Feliz Navidad! Sí ¡Própero Año Nuevo ! También. Pero “venzamos la indiferencia ante la pobreza, la desintegración familiar. Comprometámonos a ser constructores de paz en cada familia, en cada colonia, en cada aldea, en cada ciudad, en toda Honduras”.

    Los jerarcas religiosos se hallan fuertemente arraigados al día, día en los que los problemas y necesidades llegan a sus puertas: “Este tiempo de Navidad es especialmente indicado para comprometernos en tareas de voluntariado, en apoyo generoso comprometido a los proyectos y programas que hacen visible que donde hay cristianos hay un oasis de misericordia, justicia y paz, viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia”. Cubramos las preocupaciones de estos días con el mensaje original de las celebraciones, tributo a la bondad, gracia y misericordia que deseamos y entregamos en cada felicitación y abrazo.