“Magister dixit”, axioma clásico no solo para expresar la autoridad del docente, sino la aceptación de su enseñanza y el respeto y la gratitud hacia la persona que, como guía fiel, va ayudando a la familia a abrir los espacios de la vida a las nuevas generaciones. ¡Tiempos aquellos también hoy protagonizados por respetables y responsables profesionales de la educación!

Loor todos los días del año, pero concentrada la admiración en este día, “consagrado exclusivamente a enaltecer las labores de los apóstoles de la enseñanza”, señala el decreto creador de la jornada nacional, próximo a cumplir un siglo. Largo el camino, muchas las lágrimas, pero también innumerables las alegrías al paso cotidiano en las aulas, en las que la labor orientadora y la enseñanza puntual, no pocas veces con rigidez, ayudan a hacer el camino al andar.

El desafío de estos dos últimos años ha sido descomunal, algo así como hierro ardiendo en la fragua, pero admirables las respuestas, como la de aquellos maestros que visitaban a sus alumnos para cumplir la misión docente. O aquellos otros, en el área rural también, que en el patio de su casa recibían a los pequeños.

La mayoría, profesionales responsables, enfrentaron el desafío y aquello que parecía gran muralla, por la edad, cayó y a través de la tecnología superaron las distancias. Sin embargo, el daño ha sido grande en el nivel educativo, pues la asistencia en el aula y la presencia física del maestro no podrá llenarse con una relación virtual que, por la emergencia, tuvo que ser adoptada como mal menor, pero nunca como solución a problemas derivados de la pandemia.

Ya aparece cierta claridad en el horizonte con el llamado de las autoridades a los docentes, a los que se les ha aplicado las dos dosis para que se reintegren a los centros educativos. Sin prisa, pero sin pausa, de manera que el riesgo sea menor y controlable y el año escolar de 2022 sea de gran dicha para niños y jóvenes, hoy hasta con grave deterioro mental por las restricciones en la convivencia.

Un poco lejano aún la presencia en las aulas, pues las elecciones condicionan hasta actividades fundamentales en la sociedad, como la educación, por lo que estos últimos meses del año debieran servir como preparación ajustada a las graves necesidades para abrir las puertas de par en par como gran alborozo e ilusión el próximo año.

¡Felicidades, maestros, diarios forjadores de los protagonistas del futuro entregados al apostolado diario de la enseñanza!