El buen gobierno

La transparencia hace posible no ocultar a la ciudadanía los males estructurales que agobian a la nación y que requieren para enfrentarlos la participación de todos

  • Actualizado: 25 de febrero de 2026 a las 23:35 -

Para que ello sea realidad concreta y real es necesario que las personas que han accedido al poder mediante elecciones libres, directas, transparentes, encabezados por los titulares de los tres poderes estatales, posean ciertas cualidades inherentes, genuinas y auténticas en sus respectivas personalidades. Honestidad, don de mando sin caer en el autoritarismo ni en la concentración de autoridad, sabiendo delegar funciones, eficacia para coordinar a sus subalternos con una visión de conjunto de las problemáticas, modestia, sinceridad, talento para poder comunicarse con sus empleados y compatriotas de manera directa y accesible, por igual, tanto a los de alto nivel intelectual como a los iletrados; sentido de solidaridad militante con la población sufriente, generando oportunidades equitativas para sus compatriotas, sin caer en el asistencialismo que prioriza la inmediatez sin una perspectiva de mediano y largo plazo.

La transparencia hace posible no ocultar a la ciudadanía los males estructurales que agobian a la nación y que requieren para enfrentarlos la participación de todos, cada quien de acuerdo a sus capacidades y posibilidades. El intentar maquillar la dura realidad resulta contraproducente al brindar falsas imágenes de la situación real del país.

Resulta cómodo atribuirlas a sus predecesores, evadiendo la propia responsabilidad. Si se opta por tal opción, se cae en la demagogia, escabullendo el bulto, evadiendo los compromisos adquiridos con la ciudadanía al ser favorecidos con sus votos para acceder al poder.

Ninguna persona es perfecta, todos somos falibles, sujetos a cometer equívocos, sea por acción u omisión. No obstante, debe existir un equilibrio psíquico y emocional que permita que las virtudes superen a las limitantes.

Dar el ejemplo infunde inspiración entre sus compatriotas para aportar su cuota de sacrificios, sabiendo que existe un liderazgo a la altura de las circunstancias, capaz de exigirse a sí mismo antes que a los demás.

El saber escuchar, dialogar, cumpliendo lo acordado tras negociaciones y concertaciones, significa que se posee integridad, el poseer un espíritu democrático que acepta y recibe críticas debidamente formuladas sin intentar silenciarlas, menos aún reprimirlas.

El respeto absoluto a los diversos derechos humanos garantiza la gobernabilidad y estabilidad del régimen, ya que los conflictos sociales se canalizan de manera pacífica, sin recurrir a métodos violentos atentatorios de la dignidad y el debido respeto que todos merecemos, sabedores de que somos titulares tanto de derechos como de obligaciones al convivir en comunidad en un sistema legal que actúa de manera igualitaria, sin otorgamiento de privilegios por razones económicas y clasistas.

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