Cada nueve de junio, el Consejo Nacional Anticorrupción conmemora el nacimiento del prócer José Trinidad Cabañas (1805-1871), presidente de Honduras de 1852 a 1855, quien durante su gestión como gobernante de su país se caracterizó tanto por el irrestricto respeto a la libertad de prensa como por su acrisolada honradez pública y privada.
En esta fecha exaltamos el Día de la Integridad y Lucha contra la Corrupción, mal social, ético y económico que, por el accionar de las redes corruptas, empobrece vertiginosamente a Honduras de manera sistemática, vía sobornos, legislación protectora de los saqueadores del erario, evasión fiscal y mil otras maneras de perpetrar y afianzar el cohecho.
Cabañas es, justificadamente, el paradigma de la probidad y honestidad, en lo personal y lo público: Su praxis existencial la resume esta frase suya: “... hay, pues, algo imprescindible, algo de más importe que los intereses materiales, que la utilidad del presente, y es el honor del país y los derechos del pueblo. Yo no los considero como una ideología, como una utopía porque ellos no pueden sujetarse al cálculo ni expresarse con guarismos”.
Es por ello que, justicieramente, es considerado como un paradigma a ser imitado por sus compatriotas respecto a la honestidad, transparencia, rendimiento de cuentas que deben caracterizar a todo funcionario electo por el voto ciudadano e, igualmente, a toda persona, cualquiera sea su posición social, económica y política.
La vida y obra de este fiel seguidor de Francisco Morazán, a quien acompañó tanto en momentos de gloria como de derrota en pro de la causa unionista, en el exilio panameño y en Costa Rica hasta el día de su fusilamiento sin otorgarle el derecho a la defensa, debe ser conocida, estudiada y divulgada en los centros educativos de la nación, para recordarnos que sí hemos tenido hondureños y hondureñas que han antepuesto el bien común al interés personal y familiar.
La mejor prueba de su moral y ética radica en el hecho de que falleció en Comayagua dedicado al trabajo agrícola para la cotidiana subsistencia suya y de su esposa, declinando aceptar la pensión vitalicia que pretendía otorgarle el Congreso Nacional, agradeciendo el gesto; pero explicando que se había limitado a cumplir con su deber cívico como titular del Poder Ejecutivo.
Otra faceta de su personalidad se ubica en la advertencia lanzada a los pueblos centroamericanos tras entrevistarse con el filibustero William Walker en Nicaragua e intuir las pretensiones anexionistas de este aventurero, que luchaba por restablecer la esclavitud en el istmo.Hombres de la talla de José Trinidad Cabañas merecen el respeto, admiración y reconocimiento de todo pueblo que anhela contar con autoridades -en sus distintos niveles-, que buscan alcanzar el poder para hacer el bien sin mirar a quien, que anhelan el bienestar colectivo por sobre cualquier otra consideración, brindando sus talentos y energías en el cumplimiento del tal objetivo, el que asumen como la razón de sus vidas.
Digna de aplauso es la iniciativa anual del CNA en honrar la existencia y el ejemplo incondicional de honradez de José Trinidad Cabañas.