Desprotegido y vulnerado nuestro espacio aéreo

La falta de radares operativos mantiene vulnerable la soberanía aérea y marítima de Honduras, según expone un análisis sobre las capacidades de defensa del país

Nuestro colega capitalino, diario El Heraldo, mediante su Unidad Investigativa, expone el grado en que nuestra soberanía aérea y marítima es violada a placer y voluntad por aeronaves y embarcaciones enviadas desde Sudamérica con cargamentos de drogas, ante la ausencia de equipos especializados que permitan detectarlas, rastrearlas y darles seguimiento respecto a las rutas escogidas para llegar a su destino.

El carecer de la tecnología requerida, es decir, radares, pone en peligro diario la defensa y seguridad nacional.

La estadística es reveladora: la Secretaría de Defensa reportó 15 aeronaves interceptadas en 2021, tres en 2022, 2 en 2023, no se registran datos para 2024, 1 en 2025.

Entre el 2013-2014 se adquirieron tres radares a la empresa israelita Mer Security and Communication Systems, a un costo de $25 millones, constituyendo un fraude, ya que no son operativos, sin que ni el Ministerio Público ni el Tribunal Superior de Cuentas procedieran de oficio a investigar este evidente acto de corrupción, que ha quedado en total impunidad, como aconteció en 1969 durante el conflicto bélico con El Salvador, cuando se encargó a nuestra representación diplomática en Alemania la compra de armamento y aviones que resultaron defectuosos, consiguientemente no funcionales.

Los radares facilitados en calidad de préstamo por Estados Unidos, instalados en La Mole para cubrir la zona sur y en Trujillo para la región nororiental, fueron retirados a petición de la nación norteamericana, que reclama insistentemente la cooperación hondureña en la lucha contra el narcotráfico -misma que debe ser compartida por ambos países-, pero sin facilitar los medios absolutamente indispensables para tal propósito, lo que facilita grandemente el tránsito de estupefacientes hacia el principal mercado consumidor a nivel mundial.

Solamente se cuenta con un modelo de radar para el monitoreo del sur, fabricado localmente gracias a la pericia de estudiantes de la carrera de Mecatrónica de la Universidad de la Defensa, que solamente logra cubrir 100 kilómetros a la redonda, por lo que aún se encuentra en etapa de prueba, siendo necesaria la adquisición de piezas en el exterior para hacerlo totalmente funcional.

Es de congratular la destreza de nuestros técnicos que, disponiendo de recursos muy limitados, han logrado diseñarlo, construirlo y hacerlo operativo parcialmente.

Empero, tal como declaró el general en situación de retiro, Luis Maldonado Galeas, “la posesión de radares no es un lujo, sino un pilar fundamental para la defensa y la soberanía nacional”.

Invertir en estos rubros estratégicos, con la necesaria transparencia y rendición de cuentas, no es un gasto superfluo; todo lo contrario, resulta esencial para nuestra supervivencia como nación independiente, en que el Estado es capaz de ejercer autoridad en la totalidad del territorio, no solamente en determinadas regiones, tal como hoy ocurre, en que tanto en Gracias a Dios como en Colón y Olancho su presencia efectiva es limitada, lo que queda patentemente demostrado con las extensas áreas cultivadas de plantas de coca y marihuana más la construcción de pistas de aterrizaje clandestinas.

Mientras el narcotráfico encuentre santuarios en donde actúa impunemente, de hecho está desafiando a los gobiernos locales y nacional sin encontrar la adecuada y contundente respuesta oficial a tales retos, generadores de masacres y creciente consumo de drogas por la población local.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias