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Cal y arena

  • Actualizado: 02 agosto 2016 /

    De las profundidades se comienza a salir cuando se toca fondo y en él se produce el impulso hacia la superficie, es el convencimiento generalizado aplicado a crisis, individuales y colectivas, que ponen en precario también a organismos e instituciones e, incluso, atentan gravemente contra su existencia. Los ejemplos se hallan a la vista y no es necesario ir lejos para su comprobación.

    En la sección Apertura de la edición de ayer en LA PRENSA se analizan los resultados del comportamiento de tres empresas públicas en torno a las cuales gravita aún el déficit fiscal. Dos se hallan encarriladas en rutas de mejoramiento, de manera que en sus cuentas han desaparecido los números rojos; no así en la tercera, donde las publicitadas mejoras quedan en los reducidos espacios de la gerencia y las declaraciones de los funcionarios.

    El organismo de comunicaciones, cuya fortaleza estaba asentada en el monopolio que al mismo tiempo fue su gran debilidad al abrirse el mercado, presenta ganancias en el primer semestre de este año que habrán de respaldar la inversión permanente para sostenerse con éxito en el muy competitivo mercado de la telefonía y de la constante renovación en el mundo digital.

    Dos grandes cauces drenaron constantemente a Hondutel en aquellos años en que era considerada la empresa salvadora de cuyas arcas echaban mano los Gobiernos para completar los gastos. Los huecos del presupuesto se cerraban con sus recursos y las demandas de empleo por activismo político, por parentela o favoritismo se atendían con incremento en la planilla mensual aunque no hubiese lugar donde acomodar al neoempleado o trabajo que realizar.

    La Portuaria, con un pasado desastroso propio del sector gubernamental, se va recuperando operativa y financieramente, dejando atrás las pérdidas de hace cuatro años para reportar un notable crecimiento. El objetivo, por la competitividad en las instalaciones marítimas del área, es recuperar la “puerta” de las importaciones y exportaciones del istmo.

    La piedra en el zapato es y lo seguirá siendo la empresa eléctrica en donde la significativa reducción de personal es solo el 5% del gasto; mientras que el 90% del déficit se va en pérdidas. La deuda que la Enee sola “no puede pagar” asciende a $800 millones lo que significa “una grave situación financiera”.

    ¿Plan de rescate? Que no nos den gato por liebre en las reformas a la Ley de Energía que se halla en el comal.