La agenda, en líneas generales, fue presentada en los actos de inauguración del nuevo Gobierno con el firme compromiso de lograr los objetivos y alcanzar las metas como prioridad en el esfuerzo por mejorar la calidad de vida de todos los hondureños. Los cimientos de ese bienestar son los mismos de siempre, aunque a medida que pasan los años la debilidad invade la fortaleza que debiera ser garantía de hechos más que promesas.
Resonó como ininterrumpido eco, la corrupción, el cáncer en la frontera de la metástasis, que ya fue tema de campaña, pero al que se le acerca la hora de verdad tanto en el campo jurídico como en la decencia política, de tal manera que la moralidad y la ética sea fuente de decisión personal y colectiva sin ocultamientos, explicaciones y justificaciones.
Es necesario recuperar la confianza en las instituciones y eliminar la contaminación por influencia en ellas. No resultará fácil, pues es más que una tarea compleja, intrincada puesto que se halla muy adentro aquello del hoy por ti, mañana por mí o aquello otro de “engrasar” la maquinaria para que “agarre velocidad”, de lo contrario se le aplica la legalidad acostumbrada, “las cosas de palacio van despacio”.
Hay muchos hondureños que identifican como prioridad la educación, la salud, el empleo y la seguridad y tienen mucha razón, pero sobre esos temas la visión va más del futuro cercano y requiere una gran resiliencia; mientras que en el caso de corrupción y el adecentamiento en la administración pública solo se necesita abrir las puertas a la ética, calibrar la moralidad y desarrollar un intenso programa de prevención acompañado de férrea represión que sea lección para todos.
“La instalación de la comisión nacional e internacional para el combate frontal a la corrupción y a la impunidad” son palabras de la presidenta Xiomara Castro, cuya ejecución no debe esperar y mucho menos languidecer, pues el saqueo de los recursos del Estado y la impunidad ante estos hechos delictivos suscitan los altos niveles de pobreza, la emigración masiva y permanente hacia el norte y las deficiencias en aquellas otras áreas cuyo progreso es labor sostenida por décadas, pero cayeron en manos de saqueadores al amparo de organismos, instituciones y poderes del Estado.
No habrá cambio de la noche a la mañana, será necesario el paso de generaciones, pero si la familia es ausente, lo mismo que la escuela en el fortalecimiento de valores. Si lo que los niños ven y escuchan es retórica y dialéctica contradictorias; si se multiplican “triunfadores”, adulados en la sociedad y en cada esquina destila aquel y “yo por qué no”, seguiremos en lo mismo, aunque cambien las palabras y el color.