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23/05/2022
08:08 AM

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¡Qué lejos!

    Sin miedo y sin odio titulábamos hace exactamente dos meses esta columna editorial en víspera de la ejemplar jornada electoral en la que el pueblo supo de respeto, de paz, de convivencia y de unidad en la diversidad. En nombre de ese mismo pueblo, apropiado por los políticos, como siempre, nos hallamos hoy en el polo opuesto sin más ilusión que pagar los platos en espera de que alguien saque las castañas del fuego sin que aumenten las heridas y el dolor en el pueblo hondureño.

    Difícil, casi imposible, pero no hay peor lucha que la que no se hace y estamos en el límite de la supervivencia con políticos de todos los bandos y colores, cuya meta es el poder, ese poder durante cuatro años que para legislar, no para imponer, exige negociar, consensuar y conciliar para hallar esos vértices comunes que no son otros que las aspiraciones de paz y convivencia.

    Estos son los llamados y por activa y por pasiva habrá que repetir, aunque sobran quienes sueñen con la maquinaria arrolladora en nombre de la democracia para grupo.

    “No pongamos en peligro del Estado de derecho”, es el consejo de los obispos hondureños quienes nos recuerdan que “todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina”. Sabiduría de la que tenemos mucha experiencia, pero carente de voluntad para rectificar, porque cada uno se adueña de la verdad o supuesta verdad y no del primer paso para un acercamiento efectivo que elimine obstáculos, despeje la vía e invite a da el primer paso en ese peregrinaje.

    “Llamamos al diálogo sincero y abierto a los representantes de los dos grupos que aspiran a la presidencia del Congreso para que puedan ponerse de acuerdo y encontrar un camino de solución que respete la ley, devuelva la serenidad y la paz para celebrar con alegría el comienzo de un nuevo gobierno”.

    Los empresarios también hicieron escuchar su voz en plena sintonía con aquel glorioso 28 de noviembre, arrebatado al pueblo por ambiciosos políticos. “Los actores políticos, por falta de diálogo, están poniendo en grave riesgo el funcionamiento del Estado de derecho y la democracia, la cual debe estar al servicio de la población hondureña para satisfacer sus derechos fundamentales como la educación, la salud y el empleo. Hoy nuevamente hemos presenciado hechos lamentables que exponen a la clase política ante la población hondureña y dañan la credibilidad del país a nivel internacional”. Qué gran distancia nos separa ya de aquel 28 de noviembre recién pasado al olvidar que “solo unidos podemos sacar el país adelante”.