Está a punto de comenzar lo que en Honduras llamamos invierno, que es, más bien, la época de fuertes lluvias, de tormentas y huracanes, y, si no se actúa de manera inmediata, de inundaciones y devastación.
El valle de Sula, la región más productiva del país, suele llevarse la peor parte, ya que su ubicación la hace propensa a estos fenómenos naturales propios de la temporada, y que hace un par de años dejó desolación y muerte en tal proporción que todavía perviven las huellas. Eta y Iota son nombres que aún se pronuncian con miedo y que
traen a la memoria un final de año desastroso en 2020.
Mientras los bordos cedían, cual terrones de azúcar, ante el ímpetu de las aguas del Ulúa y del Chamelecón, se reclamaba la falta de atención o la falta de calidad de las obras que, en principio, protegen el valle, y el Gobierno de entonces se comprometía a buscar soluciones a mediano y largo plazos para evitar la zozobra que cíclicamente se vive en la zona. Una vez que tomó posesión la presidenta Castro, se renovó el discurso que prometía y aseguraba la ejecución de las obras necesarias antes que llegara la temporada lluviosa de 2022. Algo se ha hecho hasta la fecha, pero está lejos de ser suficiente.
Los que conocen de ingeniería saben que ya estamos tarde, que estamos apenas a una semana para que comience septiembre, y que pronto comenzará el período de temporales. Pero peor será no hacer nada. Todavía se pueden reparar las múltiples brechas que hay en los bordos y de ejecutar otras obras de mitigación y de canalización de aguas para que los habitantes de los bajos de El Progreso o los limeños no tengan que abandonar sus casas o sufran pérdidas materiales considerables, e, incluso, humanas.
Escenas como las vistas en noviembre y diciembre de 2020 no deben repetirse. No está en las manos del Gobierno decidir el curso de tormentas y huracanes, pero sí tomar las medidas para reducir las consecuencias de su fuerza destructora.
Hay unas obras de ingeniería diseñadas y proyectadas desde hace décadas, pero las represas siguen plasmadas en el papel sin que nadie se atreva a comenzar su construcción. Si se ha sido capaz de encontrar dinero para otros proyectos gubernamentales, como las cárceles de máxima seguridad, debe encontrarse para salvaguardar la vida y los bienes de los sampedranos, los progreseños o los limeños. Pero hay que darse prisa... antes que comiencen las lluvias.