17/06/2024
12:01 AM

¡Agua!

    La quebrada mantenía corriente de agua todo el año, ahora ni tres meses. Recordando la canción Camino Verde “la fuente se ha secado, las azucenas están marchitas”. El río se puede cruzar sin necesidad de descalzarse. Así de gráfica es la descripción en el interior del país por las altas temperaturas, la secuela en la vida de los pobladores, las nefastas consecuencias en los cultivos y la aportación del campo al mercado nacional.

    Las previsiones manifestadas en los últimos días nos advierten con suma seriedad de lo que ya ha comenzado y del aumento en las próximas semanas. Y no es para menos puesto que terminada la posibilidad de frentes fríos acompañados de lluvias ha caído el disparo del termómetro que de acuerdo con lo expresado en fuente oficial de Copeco la temperatura puede alcanzar los 40 grados en el sur y en el norte se acerca a los 38.

    Es lo que hay y es lo nuestro con el agravante de que ya la tradición de los primeros días de mayo con lluvia, fiesta de la Cruz, ha desaparecido por disminución e irregularidad de las lluvias. Buscar la causa es tarea perdida, pues son varios los factores que contribuyen a la variabilidad en el clima, deforestación, incendios forestales, invasión de terrenos boscosos con explotación agrícola y ganadera, contaminación atmosférica y la casi nula política para el aprovechamiento y conservación del agua.

    La realidad está ahí y el incremento en lamentos y en detalladas estadísticas debiera ser sustituido por la protección de las fuentes de agua, ríos, quebradas, embalses y todo aquello que contribuye a disponer del líquido vital. La carencia de visión y compromiso condujo el año pasado a la escasez del agua en el 50% de los municipios del país. Porcentaje que aumentará en estos meses si los incendios en los bosques siguen arrasando miles de hectáreas. La mano criminal causa muy altas pérdidas en la salud de los hondureños, en las actividades en el hogar y en las posibilidades de cultivos.

    La vista, con carga de esperanza, está puesta en el fin de la canícula, allá por el mes de agosto, pero hasta entonces es más que largo el camino y su recorrido sufrido por la sequía en el campo para la cual los discursos y ambiciosos proyectos para décadas no logran disminuir el sacrificio de estos meses que, no es sorpresivo, pues todos los años hay marca sin que haya labor efectiva y gradual para disminuir, hasta eliminar, los daños.

    Si políticos y funcionarios mirasen el horizonte en búsqueda de nubes y se alegrasen con las lluvias, no pasaríamos la aterradora época del verano donde la supervivencia de las personas, animales y cultivos se escribe con cuatro letras ¡agua!