El abusar de posición, poder y autoridad para obtener favores de tipo sexual es un mal crónico, tanto en el mundo académico como laboral. Ocurre en todo país, en distintos estratos sociales y económicos.
El común denominador es la existencia de una persona abusada y otra abusadora, una víctima y otra victimaria.
Aquella, sea por temor a represalias de distinto tipo: pérdida de empleo, agresión física o psicológica, impotencia ante la creencia que su versión de lo ocurrido no será considerada legítima y que no habrá sanciones para el acosador, se llama a silencio. Ello le da alas a este para continuar con esa práctica depredadora, sea con la misma víctima o con otras.
Para romper ese círculo vicioso, es imperativo denunciar tal hecho, y nunca quedarse callada. Solamente de esa manera se sientan precedentes para evitar perpetuar la agresión. Caso contrario, continuará en total impunidad tal agresión, perpetuándose.
Estas reflexiones surgen debido a la denuncia interpuesta muy recientemente por una estudiante de la Unah-vs en contra de un catedrático, lo que ha motivado a la institución a imponerle sanción e iniciar la investigación pertinente.
En el Alma Mater la incidencia de esta conducta aberrante ha ocurrido frecuentemente, lo que motivó a sus autoridades -hace de esto algún tiempo- al nombramiento de un comisionado encargado de recibir denuncias, procesarlas, y, de constatar la veracidad de las mismas, proceder al castigo respectivo, conforme a la gravedad de lo ocurrido.
Gracias a ello, la incidencia de acoso sexual ha disminuido.
La lección a tener en cuenta es que el silencio no es una opción, por el contrario, significa la institucionalización de esta patología psicológica, indicativa de una personalidad agresiva, prepotente, abusiva.
La convivencia armoniosa y pacífica entre las personas, pasa por el recíproco respeto a los derechos humanos, inherentes e irrenunciables.
Ya lo dijo Benito Juárez, “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Su violación conduce a la conflictividad, a la ruptura del pacto social indispensable en toda organización y nación.
La tendencia actual entre las damas, de cualquiera edad, a denunciar públicamente el acoso sexual debe ser interpretada como un paso hacia adelante en la aspiración por la igualdad de género, con recíprocos derechos y obligaciones por ambas partes.