Es tan culpable el que mata la vaca como quien le tiene la pata, afirma la conseja popular, caballeros del bipartidismo tradicional. Cualquier vicepresidente de la República o el presidente de un Congreso del confín más refundido de la tierra, señores, es tan culpable de los aciertos o desmadres del gobierno, así como todos los hombres que rodean al ilustre jinete de la cosa nostra, en el caso de la dedocrática Corruptonia.
Ni un niño de teta se engaña con ese fementido distanciamiento que el señor vicepresidente pretende mostrar como si perteneciera a otro apartamento estanco del Poder Ciudadano que, desde el principio de su publicidad política, quiso vender ante sus potenciales votantes, así como también ha sido la misma treta, choteada, del mero tatascán del Congreso. Ambos, dos, juntos a la vez, como diría un despistado, son parte indisoluble del gobierno de la cabalgata sostenible del colorado y su partido, culpables de lo bueno, lo malo y lo feo en este período cuatrianal.
El vicepresidente de la República de este dedocrático patio y el presidente del Congreso son culpables de la engañifa. Fueron elegidos para gobernar, para realizar su 'programa' de supuesta transformación o mejora social a favor de una mayoría aherrojada, depauperada.
Pero no, tal yunta, desde un inicio, se dedicó, para decirlo tan claro como el aire, a echarle agua a su molino. No le han ayudado al chalán de las pampas olanchanas a resolver el problema energético, la 'reducción de la pobreza', combatir la corrupción y el narcotráfico, bajar los índices de delincuencia, combatir la tala del bosque y otro rosario de problemas similares.
Más pareciera que se han dedicado a boicotearlo. Desde el principio, su mira no fue ser fieles, ni leales, ni cumplir con el pueblo que había votado por ellos. Que les había dado su confianza, pero que no se engañen.
Por mucho que violen y retuerzan la Constitución a su favor; por mucho que el vice se desgarre las vestiduras diciendo que nunca ha sido presidente y por mucho que se las quieran tirar de impolutos e incontaminados de oficialismo, ese pueblo que votó por tales, al que no han podido servir por estar pensando en la deliciosa guayaba, les sabrá cobrar su demagogia, hasta dejarlos estacados como cuero de res puesto a asolear en zaguán trasero.