Los pronósticos de las agencias internacionales son alarmantes. La crisis alimentaria va más allá de las hambrunas y dificultades que se presentan anualmente en los países del tercer y cuarto mundo.
Ahora la crisis llega a las puertas de los países desarrollados, y además de los tradicionalmente excluidos que sufren hambre en nuestras latitudes, los que tienen acceso al mercado padecen ante el aumento considerable en los precios de los alimentos. Elementos fundamentales en esta difícil situación son la creciente demanda de alimentos para una población mundial que va en aumento y la acentuada tendencia, como respuesta a la crisis energética, de consumir productos agrícolas para la generación de combustibles.
Con la crisis sobre nuestros hombros finalmente se exponen de manera clara los errores del pasado y el descuido en que ha caído la agricultura en países como el nuestro. Por muchas décadas los inversionistas y los gobiernos han creído que la mano invisible solucionaría los problemas y que la generación de divisas vendría a ser la vía única para asegurarse el abastecimiento. Sin embargo, el mecanismo de mercado que se espera funcione definitivamente no opera con un sector agrícola descuidado donde muy poco se invierte para capacitar la mano de obra, para asegurar el acceso a la tierra y generar mecanismos de acceso a los servicios financieros y a la asistencia técnica.
Es así que con grandes potencialidades en mano de obra y valiosos recursos naturales el país ha subutilizado sus capacidades, invirtiendo preferiblemente en actividades con retornos altos inmediatos, pero no sostenibles en el tiempo. De allí que cada vez más la población le da la espalda a sus tierras y emigra hacia la ciudad en busca de otras actividades.
De esta forma los fértiles valles del país se mantienen ociosos y además cada vez más débiles ante los fenómenos naturales. La banca, por su lado, durante muchas décadas ha visto la agricultura como un rubro en el que no vale la pena invertir por su riesgo y prefiere colocar sus recursos en el comercio y otros servicios, generalmente en los grandes centros urbanos. Son contados los valientes que aún prestan al agro y que desarrollan algunos productos financieros novedosos.
Ahora, con la alerta y la gravedad de la amenaza encima es cuando más se requieren propuestas que lleguen al fondo de los problemas, que alivien la situación de la cosecha de este año, pero que se concentren en solucionar el problema de la escasa producción para los próximos años y generaciones venideras.