26/07/2026
06:19 PM

Una vez superada la crisis

Roger Martínez

Todo parece indicar que la crisis que durante cinco semanas mantuvo paralizadas buena parte de las actividades académicas de la Unah ha sido superada. La solución no fue la óptima, pero la firmeza de las autoridades y la intransigencia de los que se habían tomado varios de los edificios universitarios no dieron oportunidad a una salida consensuada. Al final hubo que desalojar a los huelguistas, recuperar las instalaciones y buscar la manera de impedir que el período académico en curso se cancelara totalmente.

Como suele suceder en estos casos, se han oído todo tipo de voces: unas dicen que los que se oponen a las medidas que, en principio, generaron la crisis, son individuos que no aspiran a la excelencia, que quieren que la Universidad Nacional fomente la mediocridad y que, en el fondo, en este movimiento no hay más que política vernácula y deseos de apoderarse de la institución para hacer un uso inadecuado de su presupuesto.

Otras voces señalan que la Autónoma ha roto su vínculo con el pueblo, que está en vía de convertirse en un centro de educación elitista y que tanto las pruebas de acceso como los índices de promoción no son más que obstáculos que alejan a las mayorías de la posibilidad de obtener un grado universitario.

Lo cierto es que la Unah ha jugado, y debe seguir jugando, un papel protagónico en la historia de la cultura nacional. Desde que el padre Reyes fundara la Academia del Genio Emprendedor y del Buen Gusto, hasta nuestros días, miles de hondureños hemos pasado por sus aulas y hemos obtenido de ellas los conocimientos y las competencias que nos han permitido insertarnos en el mundo del trabajo de manera eficaz y exitosa.

Cierto es, también, que no todo ha sido miel sobre hojuelas, que la calidad educativa no ha sido un factor permanente en su desempeño y que capítulos negros no han faltado en su devenir. Hubo momentos en los que la Unah era parte del botín que reclamaban los políticos y que fue cómplice de hechos poco honrosos tanto de la izquierda como de la derecha más recalcitrante.

Por lo mismo, una vez superada esta crisis, tanto doña Julieta y su equipo, como quienes los sucedan en la tarea para sacarle el mayor rendimiento al 6% del presupuesto de la Nación, deben continuar la labor de adecentamiento y recuperación del prestigio y la imagen institucional de la Nacional, porque también los que no pueden pagar una universidad privada dentro o fuera del país, merecen educación de calidad para poder aspirar a los mejores puestos de trabajo y a desarrollar nuevos emprendimientos por el bien de Honduras y de su gente.