En estos tiempos en que nos invade una oleada de lenguaje vulgar procedente, inevitablemente, de las redes sociales, la lectura en los niños no debe ser solo una tarea escolar, sino una herramienta poderosa que amplíe el vocabulario, mejore la concentración y estimule la imaginación desde la primera infancia.
La lectura es un canal que abre paso a la adquisición del conocimiento y por ende a la cultura general, indispensable para el desarrollo de los pueblos, como lo establece el movimiento de la Ilustración, surgido en Europa en el siglo XVIII con el objetivo primordial de liberar de la ignorancia a la humanidad, promover el progreso social y establecer principios de libertad e igualdad.
Los expertos han dicho hasta la saciedad que la lectura es uno de los mejores hábitos que se puede adquirir para combatir el subdesarrollo de los pueblos y hasta la violencia.
Sin embargo, existe una enorme falta de interés por parte de los políticos en el poder para fomentar esta actividad y la educación en general, porque no contribuyen a favorecer sus intereses particulares, ya que un pueblo ilustrado es difícil de engañar.
Hacemos la salvedad con el gobierno de Nayib Bukele, que ha invertido cuantiosas sumas de dólares en fortalecer el sistema educativo de la capital y ha construido, en pleno centro de la capital, la Biblioteca Nacional de El Salvador (Binaes), llamada la catedral del conocimiento y el saber.
El moderno edificio cuenta con internet en sus siete niveles y espacios exclusivos para estudiantes.
El mandatario cuscatleco también ha mandado a distribuir grandes cantidades de libros en las escuelas públicas y logrado introducirlos hasta en los exbolsones de las zonas fronterizas con Honduras.
La semana anterior hubo una polémica en las redes sociales y medios de comunicación luego de que el gobierno de Bukele intentó entregar paquetes escolares que contenían libros, uniformes y computadoras a más de 1,900 niños salvadoreños con doble nacionalidad residentes en los exbolsones.
Pero resultó que militares de Honduras cerraron el paso a la ayuda en la frontera.
Ante tal bloqueo por parte de Honduras, el Ministerio de Educación de El Salvador habilitó la zona de Morazán Norte para que estudiantes, maestros y padres de familia llegaran a ese lugar del vecino país, en transporte gubernamental, a recibir el donativo cultural.
Es de resaltar que quienes aplaudieron el rechazo del Gobierno hondureño a la ayuda, aduciendo intromisión salvadoreña, ni siquiera sugirieron pedir la opinión de padres de familia, maestros y de los mismos niños residentes en la zona fronteriza sobre si querían o no los libros.