Las expectativas que tenemos sobre las personas y las cosas nos pertenecen a cada uno y muchas veces se convierten en parámetros con los que juzgamos. Eso parece que sucede a veces con las decisiones y acciones de Estado, bajo la administración Castro.
A muchos les causa sorpresa el giro que está tomando el país en diversos aspectos, tanto en lo económico como en lo político; sin embargo, no podemos desconocer que si ha habido plan de gobierno divulgado, ha sido el actual, “para refundar a Honduras 2022-2026”.
Incluso, la decisión de establecer relaciones diplomáticas con China está prevista en el documento mencionado, así que no debería causarnos novedad alguna. Lo que sucede es que nos acostumbramos durante décadas a que las propuestas de gobierno presentadas en campaña se quedaran solamente como ideas que luego difícilmente se concretaban y ahora vemos una diferencia sustancial.
Quizás precisamente por esa costumbre, muchos no tomaron tan en serio el plan de refundación, que sigue su curso paso a paso.
En las elecciones de noviembre de 2021 una de las grandes motivaciones del pueblo para salir a ejercer el sufragio de la manera masiva en la que lo hizo, fue el deseo de poner fin a la serie de abusos cometidos por el gobierno de turno, pero no precisamente por una convicción de que la ruta marcada por la entonces Alianza fuera la correcta.
Por diversos motivos, tomamos una decisión colectiva. Lamentablemente no podemos alegar sorpresa por las decisiones de las que ahora somos espectadores. Estábamos avisados.
En materia de relaciones exteriores no es de extrañar el acercamiento con China, en detrimento de las relaciones que durante más de 80 años Honduras mantuvo con Taiwán. En todo ese tiempo, nuestro país fue beneficiado de múltiples formas, especialmente con cooperación técnica para el desarrollo de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).
Además, muchos de nuestros jóvenes tuvieron la oportunidad de formarse en el país asiático que les abrió las puertas, a cambio del reconocimiento y el apoyo brindado en la arena internacional.
Curiosamente, el plan de refundación establece el ejercicio de la política exterior “basada en el respeto al derecho internacional, en la autodeterminación de los pueblos y la no intervención”. Justamente es la autodeterminación la que esgrime Taiwán como base de su participación internacional.
Para mantener la relación Honduras-Taiwán se ha mencionado una petición de apoyo económico millonaria de la que no hubo respuesta por la parte asiática.
Pero más allá de ello, es imposible soslayar la afinidad ideológica que sin duda impulsa el acercamiento de Honduras a China Popular, a pesar del costo.
Los argumentos para ese acercamiento no son tan firmes en un momento en el que la situación geoeconómica mundial parece ser poco conveniente para esos cambios.
Honduras se encuentra en una encrucijada en la que debe sopesar no solamente el efecto de sus decisiones al interior del país, sino también en la arena internacional. ¿Qué tan conveniente es ese giro, en este contexto?, ¿qué sigue? Conviene tener a mano el plan mencionado. Aún queda mucho por cumplir.
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