Llega el 25 de diciembre y nuevamente el planeta celebra la esperanza de un mundo mejor representado en el nacimiento del niño Jesús.
Es una de las fechas que, mayormente, sin importar la religión, se celebra con gran felicidad, y que repite año con año sin perder vigencia.
En la Navidad las familias se reúnen y celebran la llegada del niño Jesús al mundo. Es una época de villancicos, árboles de Navidad, luces y regalos. En esa tradición y sentir crecimos los mayores de 60 años de hoy. Pero las nuevas generaciones han ido perdiendo el concepto y se corre el riesgo que en el futuro no exista como tal.
Porque una celebración íntima familiar llena de amor, compasión y bondad, se trasformó en la fiesta más opulenta del año. De lo trascendente a lo frívolo. Es una noche donde los adultos muestran su versión más elemental. Ostentación, derroche y parranda.
¿Y los niños dónde quedan en esta fiesta? Afuera. Relegados. Observando y siguiendo ejemplos de sus padres, volviéndose espejos de conductas de adultos a temprana edad.
Los mayores debemos conservar esta tradición tan pura como lo fue antes, no permitiendo que se contamine con el modernismo avasallante y despersonalizante que está arrasando con todo lo que encuentra a su paso. El espíritu de la Navidad debe permanecer intacto porque no tenemos otra celebración que haga aflorar tantos buenos sentimientos. En Navidad se manifiesta el Ángel interno que todos llevamos dentro y permitimos se manifieste sin avergonzarnos.
Y probablemente en este momento tu situación no es buena, talvez desearías un mejor trabajo, una mejor situación económica, talvez añoras a alguien, quizás te falte un amor, quizás te hace falta sentirte bien contigo mismo, sentirte satisfecho, quizás estás en un gran desafío existencial. No importa como te sientas. Permítete sentir la Navidad. De eso se trata esta fecha. Ponerte frente a ti mismo y analizarte. Aflorar tus sentimientos, conectarte con lo que realmente resuena en tu interior. La Navidad no debe ser perfecta.
Que haya paz, no ausencia de violencia. Que haya amor, no frivolidad. Que haya celebración, no excesos. Que haya unión familiar, no resentimientos. Y que el simbolismo del niño nacido en un pesebre nos permita sentir en una noche, en un día, que podemos ser mejores personas.
La Navidad esta en tu corazón, y es buena o mala, es de derroche o reflexión, y esa es tu decisión.