10/03/2026
10:53 PM

El Muchi y el magnate

  • Actualizado: 31 julio 2017 /

Spicer llegó a su colmo cuando contrataron a Scaramucci, lo que significó su pérdida de poder.

El presidente Donald Trump finalmente encontró un cortesano que puede darle el untuoso e ilimitado respeto que tanto ansía.

Una acaudalada réplica de sí mismo extraída de Manhattan, con sonrisa lupina y brillante peinado que no dice esta boca es mía, por lo que puede adoptar cualquier posición. Un maestro de la autopromoción y de las ventas al que no le importa traficar con productos malos, lo que probablemente le parezca aún más divertido.

En lo que se refiere a la gratificación de su ego, Trump se sacó la lotería, con boleto comprado en Goldman Sachs, con su designación como director de comunicaciones de la Casa Blanca de un administrador de fondos de cobertura de Wall Street y diva de la televisión por cable, el señor Anthony Scaramucci. El magnate y el Muchi en una tierna historia de amor con dramáticas implicaciones para una Casa Blanca que se está viniendo abajo. Tienen muchas cosas en común, más allá de su adicción a los productos para el pelo. A los dos les gusta agitar las cosas y cambiar de lealtad política. Disfrutan los golpes bajos, en especial en sus pendencias con CNN. Trump se convenció de Scaramucci cuando este logró que CNN se retractara de una nota en la que se le relacionaba con un fondo ruso de inversión que supuestamente está siendo investigado por el Congreso de Estados Unidos. Esa debacle concluyó cuando tres reporteros perdieron su empleo.

El magnate y el Muchi tienen la misma relación fluida con la verdad y la misma definición de lealtad. En una entrevista con Michael Schmidt, Maggie Haberman y Peter Baker de The New York Times, el miércoles pasado, Donald Trump dejó claro que se había sentido lastimado cuando Jeff Sessions esencialmente puso a la constitución por encima de él, diciendo que la decisión del procurador general de recusarse de la investigación sobre la injerencia Rusa fue “muy injusta para con el presidente”.

Y Politico informó acerca de Scaramucci: “Hace unos años, cuando estaba entrevistando despachos de relaciones públicas, él fue muy directo respecto de lo que estaba buscando, según contó una persona presente en la reunión. En la reunión de 90 minutos, Scaramucci le dijo a esa persona: ‘Necesito a alguien que esté dispuesta a dar la cara y a mentir por mí.’”

Sean Spicer tuvo la misión imposible de defender a un presidente que no cree en decir la verdad, ante una prensa obsesionada con las mentiras del presidente. Fue imitado por una mujer en “Saturday Night Live” y Steve Bannon lo acosaba llamándolo gordo. Inventó un montón de estupideces sobre el tamaño de la multitud presente en la toma de posesión para complacer a un jefe que mide su valor personal por el tamaño de las multitudes.

A este devoto católico se le negó cruelmente su mayor sueño cuando deliberadamente se le dejó afuera de una reunión con el papa, durante el viaje de Trump al Vaticano.

Y otra humillación recientemente revelada es la que reportó Michael Bender en The Wall Street Journal, que señaló que Spicer tuvo que robarse un minibar de un edificio de oficinas cercano para ponerlo en su propia oficina.

Pero de algún modo, Spicer llegó a su colmo cuando contrataron a Scaramucci, lo que significó su pérdida de poder. Y los demás rivales del Muchi están preocupados de que su presencia haga que la Casa Blanca parezca aún menos profesional, como si fuera posible.

También están preocupados el secretario de la Casa Blanca, Reince Priebus, y Bannon que, según Politico, “se enfrentó a Anthony Scaramucci en el Ala Oeste el viernes por la mañana, amenazando con bloquear la designación del financiero”.

Pero en su primera aparición en el podio de la Casa Blanca, el viernes, el peripuesto Scaramucci fácilmente superó a Spicer, quien en su primera aparición irritó al presidente por usar un traje que le quedaba grande.

El Muchi demostró al instante que sabe que el objetivo de su puesto no es comunicarse con los reporteros reunidos frente a él, sino con el desesperado ególatra que ocupa la Oficina Oval.

“Esto es lo que yo les digo acerca del presidente”, dijo Scaramucci. “Él es la persona más competitiva que he conocido. He visto a este tipo lanzar una espiral a través de un neumático. Lo he visto en Madison Square Garden con un sobretodo puesto; él se planta en el punto y lanza tiros libres y todos los encesta. Y mete golpes cortos a un metro de distancia.”

Y no es solo eso.

“El presidente tiene muy buen karma.”

Con grandes trazos, Scaramucci pintó el retrato de la altísima consideración en que tiene a Trump, aunque apenas hace dos años se burlaba de él en Fox News, donde lo llamó “politicastro” con una “retórica muy loca” que era “antiestadounidense” y “muy divisiva”.

The Daily Beast informó que, horas después de que le dieron el puesto en la Casa Blanca, Scaramucci borró sus viejos tuits en los que encomiaba a Hillary Clinton, a quien llamó “la mera buena”.

Pero el viernes ya era puro amor por Trump.

Primero habló del “desfase entre la forma en que vemos al presidente y lo mucho que lo amamos y la forma en que quizá algunos de ustedes vean al presidente”.

Después, simplemente lo soltó: “Yo amo al presidente.”

La llegada del Muchi es un triunfo para la “nuevayorquificación” de la Casa Blanca, con otro veterano de Goldman Sachs y un desplazamiento del poder hacia aquellos que apoyaron al gregario Scaramucchi, entre ellos Jared Kushner, Ivanka y Wilbur Ross, en contra de las criaturas del pantano, Priebus y Spicer, y el trol que vive debajo de los puentes, Bannon.

Pero el cambio en el personal de comunicaciones no resolverá el problema de Trump. Él no entiende que Robert Mueller no es un trabajador contratado con el cual está metido en un litigio civil, alguien a quien pueda intimidar, desgastar, amenazar y desangrar.

Traer a otro negociador de Nueva York no le ayudará a entender que su existencia en Washington está amenazada por Mueller.

Nota: según se informó ayer en la Casa Blanca, Scaramucci renunció a su cargo para que John Kelly construya su propio equipo.