Hoy es 30 de junio, casi el ombligo del año, hemos subido la mitad de la cuesta de este 2022, y quizás sea tiempo de echar una mirada en retrospectiva y hacer un primer balance para apuntalar nuestras fuerzas y redirigir nuestras metas.

Las Sagradas Escrituras nos dan las claves para hacer esta evaluación de camino de vida en Gal 6,2-4: “Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo. Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo. Examine cada cual su propia conducta y entonces tendrá en sí solo, y no en otros, motivo para glorificarse, pues cada uno tiene que llevar su propia carga”.

El primer consejo es la ayuda mutua, el cristiano está llamado y urgido a vivir en comunión, y no en aislamiento. Porque Dios nos quiere pueblo, Iglesia y comunidad, familia santa capaz de ser, mano amiga para aquel que lo necesita, consejo a tiempo para el miembro que se extravía, sostén y soporte para el que tambalea y tiembla. Quien ha vivido aislado durante estos meses, o huye de los demás para buscar el “éxito”, en solitario, quizás se está engañando, pues todos nos necesitamos.

La invitación a examinar la propia conducta para gloriarse, no debe ser entendida como una contradicción, sino como una clarificación, pues el examen y la crítica deben ser dirigidas hacia el interior, como una introspección profunda, sincera y honesta, que prescinda de los errores de los demás para no escudarse tras los otros en el afán por cubrir los propios fracasos.

Cada uno lleva su propia carga, dice el apóstol Pablo, pero no se trata de una sentencia individualista, sino de la conciencia que nadie puede hacer por nosotros, lo que no se está dispuesto a hacer por sí mismo. Avanzar en una responsabilidad individual, pero el triunfar es una tarea comunitaria en la que cada uno aporta lo propio para el bien de todos. Cada carga individual bien llevada, asumida y soportada coopera a que todos podamos llevar la tarea a buen término.

Honduras es una tarea de todos, vienen por delante desafíos grandes, que exigirán de cada uno un profundo examen de conciencia, que le permita descubrir que está dispuesto aportar para que la tarea de hacer patria, se desarrolle en coherencia con el ser cristiano y humano, que cada uno está llamado a ser cada día para que la vida que Dios nos ha dado se edifique y cristifique para que podamos ser signos de vida y esperanza.