Si usted transita en su automóvil debe tener cuidado con los taxistas, con los buseros y con los camioneros porque, al parecer, ellos tienen autorización para desconocer normas elementales de cortesía y de violentar todas las reglas de tránsito: pueden pasarse cuando el semáforo está en rojo, pueden subirse a las aceras para rebasar cuando todos los demás están haciendo fila, pueden detenerse a mitad de la calle a bajar y subir personas, pueden exceder los límites de velocidad , en fin, pueden hacer lo que les venga en gana, y si usted les reclama algo, después de una ultrajada le ponen la cereza del pastel con la frase “ando trabajando”.
Los que manejan transporte privado para uso público no están obligados a respetar las leyes de cortesía y de tránsito porque “son especiales”.
Si usted va a hacer algún trámite a una oficina gubernamental, donde generalmente hay enormes filas por la falta de personal, va a notar que la fila no avanza, pero por los lados las personas entran y salen.
Son los casos especiales de amigos de los servidores públicos, recomendados, correligionarios, tramitadores que “le llevan para los frescos” a los empleados, y si se descuida, la fila puede ir alejándose de la ventanilla porque las personas que están delante de usted comienzan a darle espacio a los amigos que van llegando, irrespetando a todos los que están detrás. Pero no se ve como un irrespeto sino como un acto de viveza, porque ellos son “lanas”, son especiales.
Si usted es empleado público y quiere imponer orden para brindar atención en forma ordenada no falta el compañero de trabajo, el subalterno, o incluso el jefe que acude a usted pidiéndole el favor de atender a tal o cual persona por ser un caso especial: es amigo de fulano, pariente de zutano, correligionario de mengano, en fin, se trata de un caso especial, y por lo tanto se debe violentar el derecho de la población que ordenadamente espera su turno.
Y con los políticos ni hablar, ellos son muy especiales, con el mayor cinismo violentan la ley porque ellos son altas personalidades del engranaje gubernamental y prácticamente tienen licencia para desconocer todas las leyes. Ellos son especiales porque son burócratas y en las elecciones se ganaron el derecho a irrespetar a todo la nación. Después de ser un don nadie ahora es el jefe del departamento de comunicaciones e información, aunque algunos le sigan llamando conserje; o el jefe del departamento de higiene y protección de la ecología, antes conocido como el barrendero.
Y ni hablar del Gran Jefe, ese es la mera poporoila, y por lo tanto todos ellos gravitan por encima de las leyes, las cuales se han elaborado para todos los demás.
Si bien es cierto todas las personas son únicas y merecen ser tratados como si cada uno fuera especial, el trato debe ser igualmente bueno para todos, y todos estamos obligados a respetar las normas elementales de cortesía y a respetar la ley.
En Honduras los que delinquen son vivos, y los que respetamos la ley somos tontos. Deberíamos pedirles a los escandinavos que nos presten su Ley de Jante.
*Médico neurocirujano
