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Rutinas saludables

  • Actualizado: 06 diciembre 2016 /

Mi esposa y yo, para el caso, desde hace años tenemos la costumbre del café semanal.

Roger Martínez

De las rutinas, excepto de aquellas que se relacionan con la actividad física, suele hablarse mal. Se piensa que la repetición periódica de un acto lleva forzosamente al tedio y se identifican como sinónimos: rutina y aburrimiento. Pero eso no es para nada cierto. De hecho, queramos o no, cada día, desde que nos levantamos, acostumbramos a seguir una ruta predeterminada que nos ahorra tiempo y evita que nos dediquemos a deliberar por asuntos que no merecen la pena; así, nos levantamos a una hora determinada , nos aseamos, desayunamos, etc. Los fines de semana o durante los períodos de vacaciones el mosaico cotidiano sufrirá algunas variantes pero será, en esencia, el mismo.

Pero no es a ese tipo de rutinas que quiero referirme. Se trata de reflexionar sobre algunas conductas que deben cultivarse de modo que se conviertan en hábitos firmes e inamovibles porque nos reportan felicidad y contagian también positivamente a los que nos acompañan en este camino de la vida.

Mi esposa y yo, para el caso, desde hace años tenemos la costumbre del café semanal. Un determinado día de la semana procuro salir a tiempo de la oficina para pasar a recogerla por la casa e irnos a tomar un café. Ordinariamente no tardamos más de media hora o cuarenta minutos, pero ese café semanal ha sido una especie de bocanada de oxígeno en el ajetreo semanal y una vacuna contra la incomunicación y la indiferencia. A veces sirve de catarsis ante los problemas de trabajo que cada uno enfrenta o, casi siempre, para definir estrategias ante los retos que la crianza de los hijos presenta. El domingo por la mañana, que es cuando dedico tiempo a escribir mis columnas, ya cerca de las once mi esposa procura aparecerse, por donde estoy pensando y trabajando, con un pequeño tentempié y alguna bebida espirituosa, de modo que sirva como aperitivo y como excusa para sentarnos a conversar sobre tantas cosas que hemos compartido en más de treinta y uno años de casados y para hacer planes sobre los que aún, quiera Dios, nos hacen falta.

Como ven, hay rutinas buenas, rutinas nobles, rutinas que convienen, rutinas saludables. Estas rutinas en lugar de volver aburrida la existencia le dan sentido, la vuelvan más amable. Algunas surgen espontáneamente, otras son pensadas, intencionales, provocadas. La vida conyugal y familiar exige picardía buena, imaginación, inteligencia, para llenar los días en apariencia iguales de novedad, de alegría. La verdad es que solo se aburren los pesimistas, los amargados, los que no saben descubrir la felicidad en lo nimio, en lo sencillo... y de ese tipo de cosas está llena la vida.