La violencia conlleva un costo enorme para nuestro mundo. A nivel global, el costo alcanza a más del 11% del PBI mundial, y para Honduras el costo social anual de la violencia puede llegar a casi $5 mil millones. Pero esto no se refiere principalmente a la violencia muy visible que domina la televisión y las noticias.

Las guerras civiles y los conflictos retumban demasiado tiempo en demasiados lugares como Siria y África, y son devastadores para los involucrados. Los economistas han medido los costos de todos estos conflictos, desde la cifra de muertos por las guerras civiles, las guerras regulares, el terrorismo, junto con los costos de los refugiados. Sin embargo, su impacto total, aunque es importante en focos específicos, es globalmente bastante pequeño, con un costo total de alrededor del 0,2% del PBI mundial. Pero, sorprendentemente, otras formas de violencia son probablemente un problema mucho mayor y que, sin duda, merecen más de la atención mundial. Este es el argumento de James Fearon y Anke Hoeffler en un nuevo trabajo de investigación para el Copenhagen Consensus.

Los asesinatos no son la parte más importante de la violencia. El impacto más devastador de la violencia proviene de dos áreas que se suelen olvidar, y el análisis económico nos muestra por qué tenemos que prestarles mucha más atención. La primera área es el abuso infantil: en todo el mundo, muchos niños todavía tienen una crianza muy violenta. Casi todos los padres usan la disciplina no violenta, explicando por qué cierto comportamiento estuvo mal y tal vez quitando privilegios. Pero cada mes, más del 15% de todos los niños experimenta lo que la ONU llama castigos físicos severos. Se los abofetea en la cara, la cabeza y las orejas, y un 4% recibe una paliza con algún implemento, siendo golpeados una y otra vez lo más fuerte posible. Este es el destino de 290 millones de niños en todo el mundo cada mes, con 21 millones de estos casos ocurriendo en América Latina.

Los economistas calculan el costo que acarrea dicho abuso infantil, no sólo los costos evidentes producto del aumento de las intervenciones para el bienestar infantil, sino también de la pérdida bien documentada de los ingresos futuros de un niño abusado. El costo mundial total alcanza la asombrosa suma de $ 3,5 billones al año.

Para Honduras, el costo se estima en $2.2 mil millones.

La violencia contra las mujeres representa el mayor costo mundial; incluye el infanticidio femenino, la mutilación genital y la incitación a las viudas a suicidarse. Pero mucho más importante es el costo de la violencia en la pareja, incluyendo el ser abofeteada, empujada, atropellada, pateada, estrangulada o quemada a propósito y forzada a tener sexo.

28% de todas las mujeres en el África subsahariana informó esa violencia en el último año. Durante los últimos 12 meses, esta violencia ha afectado a más del 12% de las mujeres en América Latina.

El costo total de este tipo de violencia contra la mujer alcanza a 4,4 billones al año, o alrededor de 2.5 mil millones sólo para Honduras. El mundo y la ONU están tratando de responder ahora a la pregunta: ¿Qué clase de mundo quiere en el 2030? La meta es encontrar los mejores objetivos en los cuales el mundo debe concentrarse.

Por eso, mi grupo de expertos, el Copenhagen Consensus ha pedido que examinen los costos y beneficios económicos, sociales y ambientales de muchos objetivos diferentes propuestos, desde áreas como la salud, alimentación y educación, hasta el escabroso tema de la violencia.