La raíz de todos los males

  • Actualizado: 16 de junio de 2026 a las 00:01 -

El honor más grande que Honduras debería ostentar es que sea incluida, más temprano que tarde, entre los diez países menos corruptos del mundo. Pero así como van las cosas aquí parece que eso está como cultivar margaritas en el fango o combatir un cáncer que ya hizo metástasis en todos los estratos del poder.

Según el ranking mundial, los países que tienen los índices más bajos de corrupción son Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza, Suecia, Singapur y los Países Bajos gracias a sus sólidos sistemas de justicia, alta transparencia fiscal y fuertes leyes anticorrupción; o sea, todo lo contrario a la impunidad entronizada en nuestro país.

De tal manera que las referidas naciones están más desarrolladas en economía, seguridad, educación, salud, etcétera, tomando en cuenta que la corrupción es la raíz de todos los males que aquejan a un pueblo.

Por lo tanto es imperativo que la prioridad de los tres poderes del Estado sea combatir ese abuso inmoral que ha salpicado, de una u otra forma, a la mayoría de los gobiernos democráticos de facto, izquierdistas o derechistas que hemos tenido.Pero sucede que los gobernantes se distraen en asuntos triviales que no tocan la médula de problemas álgidos relacionados con el atraso del soberano conglomerado que los tiene en el poder.

En vez de ello hacen comparsa con los homofóbicos y machistas dilucidando si los gays deben o no cambiarse de nombre a su libre albedrío o si hay que endurecer las leyes para que no se casen entre sí, como en países más desarrollados.

Sería mejor dejarlos ser con sus inclinaciones dentro de los derechos fundamentales que protegen la igualdad, la dignidad y el libre desarrollo de la personalidad para dedicar más tiempo a combatir la corrupción que destaca, en todos los niveles, por el ofrecimiento y recepción de sobornos; la sobrevaloración de proyectos, lo mismo que de productos para obras y servicios públicos.

No hay que perder de vista los escándalos financieros como el caso de Sedesol ni olvidar el sobreseimiento de involucrados en casos como el llamado Pandora. Tampoco el nepotismo descarado, el fraude electoral; la salida obligada de la Maccih porque estaba descubriendo una intrincada red de corrupción en la que están involucrados diputados y otros funcionarios, o la inconstitucional reelección de un presidente.

Son tantas las transgresiones habidas que sería prolijo enumerarlas todas.No es tan urgente endurecer leyes ni ampliar condenas contra los criminales, sino aplicar, sin contemplaciones, las que ya están establecidas en el marco jurídico, de tal manera que la justicia abarque a todos por igual y realmente se convierta en valedera la demagógica frase: “caiga quien caiga”.============05 Firma Opinion1 (14708760)============

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