A las nueve de la mañana María, una niña de 9 Años, con el pequeño hermano a sus espaldas, vende chicles en una calle de la norteña e industrial ciudad de San Pedro Sula.
Solo quiere lograr la cuota diaria y entregársela al padrastro para que no la maltrate. Hace dos años dejo la escuela y su única esperanza es crecer, ganar su propio dinero, para poder salirse de su casa. Sabe que tiene pocos conocimientos y habilidades. Peor aun, sabe que su destino es ser pobre.
Hay cientos de miles de Marías y hermanitos que no acceden a la escuela, o peor la abandonan. Es un hecho que hoy en Honduras, 9 de cada 10 niños menores de 6 años no tienen acceso a un servicio de educación preescolar o de cuidado diario; y de cada 3 niños no llega a completar los 6 años de educación primaria; 9 de cada 10 niños del campo nunca terminan la secundaria.
Estos números no son solo porcentajes: corresponden a vidas de niños que crecerán para seguir siendo pobres. Los mal pagados del siglo XXI que valora cada vez más las habilidades y conocimientos de las personas.
Cierto que la pobreza y la exclusión son problemas personales para Maria y aquellos cientos de miles de niñas y niños excluidos. Pero también son del país. Un país lleno de gente pobre y sin formación adecuada no conocerá el camino al desarrollo.
El peligro es mayor si buena parte de los hondureños no estamos consientes de todo esto.
Nos hemos vuelto insensibles a la realidad que nos rodea: los pobres son parte del paisaje y la injusticia social ha sido incorporado a nuestra cultura como algo diario.
A pesar de esta indiferencia, es justo reconocer que se han hechos intentos para combatir la pobreza, pero no han sido suficientes, por haberse descontinuado o distorsionado en los cambios de gobierno.
Afortunadamente los hondureños podemos revertir esta situación amparados por los principios del derecho contenidos en la constitución que dice “que la educación es un derecho irrenunciable de las personas, deber inexcusable del estado, la sociedad, y la familia”.
También reconoce el derecho de las niñas y niños a acceder a una educación de calidad y permanecer en ella y completar la educación básica como condición necesaria para ir construyendo las bases de una integración social progresiva.
Esta solamente en nuestras manos impulsar y que los enunciados constitucionales y de la Convención de Los Derechos del Niño se hagan realidad. Venceremos la pobreza y llegaremos al desarrollo por la vía de la educación para todos.
Una de las maneras de echar a andar en este camino es aprovechar los espacios del aula para discutir estos asuntos a la luz pública entre ciudadanos. Cada miembro de la comunidad educativa debe sentir que la principal finalidad del estado es preocuparse por la gente, por su bienestar y sus derechos. Que, por eso, la educación deber ser una prioridad nacional.
Piense sobre esto. Háblalo con los tuyos en la casa, en tu trabajo, con los amigos y compañeros. Recuerde todas las niñas y niños tienen derecho a una educación de calidad.
Solo la educación cambiara a HONDURAS.
