Recuerdo como si fuera hoy el día en que mi hija Mercedes Margarita vino al mundo. Es la tercera de los cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres, con que Dios nos bendijo a Margarita y a mí. En la tarde de ese primer día llevé a los hermanos a conocerla. Rocío, la mayor, tendría casi cinco años, y Emilio, unos tres. Los dos estaban ansiosos por ver a la esperada hermanita. Cuando llegamos a la sala de bebés en la maternidad hablé con la encargada y ella acercó la cuna a una ventanita. Así pudieron conocerla. Rocío literalmente pegó la nariz y las manos al vidrio. Y yo cargué a Milo para que pudiera verla. Recuerdo lo absorto que ellos estaban, con una sonrisa entre alegre e incrédula, viendo ese milagro que representa siempre cada bebé cuando viene al mundo. Yo me sentí tan emocionado con la escena que aún hoy puedo cerrar los ojos y verla de nuevo con toda claridad. También recuerdo lo agradecido que estaba con Dios y la enorme responsabilidad que sentía que había puesto en mis hombros al concederme el privilegio de ser padre. Tomé la decisión de hacer mis hijos tan felices como éramos Margarita y yo. ¿Hacerlos felices? ¡Sí, hacerlos felices!

Pero ¿cómo? ¿Trabajando duro y dejarles una herencia en bienes y dinero? ¿Qué tal dejarles una educación lo más basta y completa posible? Ambas cosas representan siempre una ventaja inicial en el camino al bienestar; pero ambas cosas, si bien valiosas, por sí solas no pueden garantizar la felicidad. En primer lugar, son ellos los que serán felices o desdichados. Este hecho no es una decisión de los padres.

¿Podremos provocar esa felicidad? Pienso que sí. La experiencia me ha enseñado que la clave para ser feliz es tener, además de amor, una actitud mental positiva. Y la clave para ser profundamente infeliz, aun con amor, es mostrar una actitud mental muy negativa.

Los romanos decían “Exemplum Docet” (El ejemplo enseña). Si queremos hijos felices, con una actitud mental positiva, la forma de lograrlo es mediante nuestro ejemplo.

LO NEGATIVO: creer que podemos “ordenar” a nuestros hijos que sean felices.

LO POSITIVO: comprender que las actitudes suelen heredarse mediante el ejemplo.

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