El juego forma parte importantísima del desarrollo de cada niño, ya que contribuye a su maduración psicomotriz, cognitiva y física, afirma el vínculo afectivo y favorece la socialización y los hábitos de cooperación, así como el propio autoconocimiento.

Por lo que el juego (entiéndase en sentido amplio y sano) es uno de los medios con mayor impacto en los niños para desarrollar nuevas habilidades y conceptos a través de su propia experiencia.

Los especialistas en el tema coinciden plenamente en estas afirmaciones, y en este momento añaden que durante el confinamiento, también entre los niños y niñas han aumentado mucho los índices de ansiedad, depresión, obesidad, timidez, etc. debido en gran medida a la falta de socialización.

En otras palabras, interactuar en el juego no es un extra añadido a la actividad académica, sino parte fundamental del crecimiento armónico del ser humano.

Por ello llama la atención, que, entre las instrucciones recibidas recientemente en los centros educativos, entendemos que con el fin de evitar contagios, se prohíbe que los alumnos se quiten la mascarilla para comer la “merienda” en el centro educativo, y se restringe que los niños y niñas puedan jugar en el patio de la escuela.

Un principio básico de autoridad dice que no hay que ordenar aquello que no es posible hacer cumplir. Otro principio dice que, para ser seguida de buen grado, una norma no solo debe ser beneficiosa para el grupo, sino que debe ser percibida como tal.

Durante más de dos años de no “presencialidad escolar”, en Honduras se ha dado prioridad al aislamiento como medida de prevención entre los niños y niñas (tantas veces un aislamiento parcial o formal), pero ¿se hicieron los esfuerzos suficientes para buscar otras alternativas mejores?

El juego grupal presencial es una de las manifestaciones más saludables de un grupo de niños.

¿O acaso nos conformaremos con los entretenimientos electrónicos? (este sería tema para otro artículo, pero los especialistas son muy claros en advertir sobre los riesgos de la pantalla).

A muchos nos parece que prohibir el juego a los niños, no solo es “misión imposible”, sino altamente contraproducente. Hay quien dijo, “prohibir el juego es como prohibir la lluvia, no se puede”.

Da la impresión de que algunas directrices, aún con buena intención, no están bien fundamentadas ni actualizadas, ni contrastadas con otras experiencias exitosas.

Más bien, si lo que queremos es recuperar el tiempo perdido, sin duda el juego en el patio de la escuela es un medio y un fin para ello. ¿por qué prohibir algo cuyo riesgo en mínimo y más bien es bueno para todos?