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07:03 AM

Para después

  • Actualizado: 15 septiembre 2024 /
Emy James

Demasiado seguido no somos conscientes de cuán importantes son las relaciones interpersonales. A veces logramos sin proponérnoslo vínculos emocionales a través del tiempo, pero otras veces vamos deshaciendo, ignorando o abandonando buenas relaciones igual, sin proponérnoslo.

Sin embargo, no se puede evitar a medida que pasa el tiempo y avanzamos en edad, ese despertar, darnos cuenta de que al final del día, de las cosas más importantes que vamos a tener cuando seamos personas de 60 años o más, serán las conexiones que hicimos con otras personas en el transcurrir de la vida.

Sucede que, por el trabajo, los estudios, obligaciones familiares y mil cosas más, no nos ocupamos de mantener una comunicación constante y eficiente con la gente que nos es tan importante.

Y a veces por las mismas razones, resulta que nos la pasamos atendiendo a otros que en realidad no serán relevantes en nuestro futuro.

Estamos dejando para después el ver, abrazar y escuchar a las personas que queremos. Luego tenemos la falsa creencia de que las redes sociales actuales son de gran apoyo en estos asuntos.

Entonces sentimos que, con un mensaje de WhatsApp o la felicitación en Facebook, ya “hemos cumplido”. Si lo pensamos bien, nos daremos cuenta de que existe un buen grupo de amigos que hace meses o años no vemos, que pasan los días y hasta semanas sin que hablemos personalmente con la familia, incluyendo padres y hermanos, ¡algunos (increíblemente) viviendo en la misma ciudad y hasta en la misma casa!

Los hay quienes hacen un esfuerzo y toman un tiempo en su apretada agenda para reunirse en algún café pero que, o andan corriendo con el limitado tiempo o pasan la mayor parte del rato con la mente y el alma metidos en el teléfono móvil.

O, qué tal las reuniones que se preparan para compartir, pero donde el foco de atención de preocupación es la comida. Entonces vemos llegar a todo el mundo; saludan, comen, se despiden y se van, parte sin novedad. Es terrible.

Desafortunadamente y si no vamos cambiando esta apatía, no va a haber amigo, vecino, compañero, nuera, sobrino, tío o hijo que tenga la voluntad de hacernos una visita cuando seamos unos viejos ávidos de compañía, de un abrazo, de una amena conversación... de un poco de contacto humano.

Es ahora y no en otro momento que no podemos permitir que lo urgente tome el lugar de lo importante.