26/04/2026
12:00 AM

Para conocernos mejor

Roger Martínez

Sobre el provecho que le podemos sacar a estos días de confinamiento obligatorio se ha dicho mucho. Hay largas listas de libros para leer de manera gratuita, visitas a museos, rutinas de ejercicios, recetas de cocina, etc. Pienso, sin embargo, que el tiempo libre que puede dejarnos el teletrabajo, debe ser aprovechado de una manera que no solo nos beneficiará personalmente, sino que, sin duda, facilitará nuestras relaciones con los demás una vez concluya este encierro.

Hablo de dedicar cada día unos minutos a conocernos mejor, a hacer un poco de introspección para llegar a elaborar un diagnóstico de nuestras cualidades y, sobre todo, de nuestros defectos. Porque todos tenemos de los dos. Nadie es bondad químicamente pura ni maldad destilada.

La gente normal, como ustedes y como yo, somos una amalgama de virtudes y de vicios. Y, con el ejercicio que les propongo, a lo que habría que llegar es a tener diáfana conciencia de nuestras bondades, para trazarnos la meta de ponerlas al servicio de los demás, y de nuestras miserias, nuestras taras, nuestros defectos; aquellos rasgos de personalidad que hacen que, a veces, hagamos de cuadritos la vida de los que nos rodean. Porque todos llevamos a cuestas esas carencias que son lo más parecido a los clásicos siete pecados capitales y que pueden levantar barreras imponentes entre nosotros y los demás.

Todos tenemos un defecto dominante, a veces claramente notable, otras taimadamente oculto. Dependiendo de la magnitud de nuestra soberbia, reconocerlo resulta más o menos doloroso, pero siempre incómodo. Puede ser, ese defecto dominante, cierta incapacidad para sintonizar con los sentimientos de los demás, o vivir en una autorreferencia permanente, o actuar como si los demás no pensaran, porque creemos tener la verdad atada al pie de nuestra cama, o hablar ordinariamente en un tono imperioso, mayestático. También pueden ser defectos a reconocer: esperar que nos sirvan siempre, como si fuéramos emperadores o posponer para después lo que menos nos gusta o más nos cuesta, o faltar con frecuencia a la sinceridad, para quedar bien o para no quedar mal. En fin, que el elenco de imperfecciones que podemos tener los seres humanos es extenso.

En estos días, podemos hace una especie de auscultación, para que un autoconocimiento más profundo nos lleve a definir unos planes de mejora personal, para que luego salgamos a la calle, vayamos al taller o a la oficina, con otra cara, y, sobre todo, con unas disposiciones firmes de hacer más cordial y empática nuestra relación con los que nos toca convivir.