El mundial está en su apogeo y no quisiera dejar pasar la oportunidad de señalar algunas peculiaridades propias de eventos tan magníficos como este, eventos que durante un mes reúnen masas, haciéndolas vibrar desde el principio y hasta el último silbatazo.
Una de ellas es el tremendo golpe que se llevó el jugador neerlandés Jan Paul van Hecke en ese último partido de la Naranja Mecánica frente a Marruecos.
El aparatoso choque que sufrió el futbolista le dejó sangrando de la frente, pero mucho; a simple vista se percibía como algo muy grave y, por experiencia propia, pude imaginar el susto que se llevó su familia al verlo en la pantalla.
Y, sin embargo, como diría el Sr. Sabina, no se le vio ni por un momento la intención de salir de la cancha; increíblemente, nadie pensó en sacarlo tampoco.
El médico entró, le puso unas grapas en la herida, le medio secó la cara y listo, Van Hecke continuó corriendo, marcando y hasta cabeceando probablemente, como si nada.
Desafortunadamente, nada de eso bastó para salvar a la selección de los Países Bajos de la tristísima eliminación.
Por cierto, que esta es la primera vez que el economista alemán Joachim Klement se equivoca en sus predicciones; Holanda ciertamente no será la campeona de este mundial (nótese mi desencanto al escribir esto).
Y siguiendo con la escuadra del legendario Van Basten, no pude evitar sentir pena por la experiencia tan agridulce que debió vivir el vástago de Patrick Kluivert (otra leyenda neerlandesa), quien a su corta edad ha tenido la oportunidad de debutar en un mundial, pero con tan mala suerte que le ha tocado fallar un penal que, al igual que los otros fallados por sus compañeros, fue decisivo para la derrota de su equipo.
Debió ser tremendamente frustrante para el chico, a quien seguramente la gente insistirá en compararlo con su padre, algo que tampoco debe hacerle mucha gracia.
La parte buena es que Justin Kluivert tiene varios mundiales por delante, juventud y talento para hacerlo mejor la próxima vez.
Otra cosa remarcable -me parece a mí- es la participación (una muy notable) de la árbitra mexicana Katia Itzel García, quien además es licenciada en Ciencias Políticas.
Es admirable el trabajo que hacen todas ellas, ya que debe ser difícil primeramente lograr ser tomadas en serio en una profesión que hasta hace muy poco era propia de hombres.
Conseguir que 22 acalorados futbolistas sigan sus órdenes tampoco debe ser sencillo.
Y para terminar, cabe destacar la participación de Cabo Verde y su garra en la cancha.
Principalmente la actuación de su portero Josimar Évora Dias, mejor conocido como Vozinha, quien demostró ser un gran arquero, atajando peligrosos tiros aquí y allá.
Sobre todo, tomando en cuenta que antes de dedicarse al balompié de manera profesional, este espigado caboverdiano ejercía como electricista en su natal Mindelo, poniendo de manifiesto aquella famosa frase de Walt Disney: “Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr”.
Y bueno, continuaremos disfrutando lo poco que queda ya de esta fiesta futbolera mundialista.