Los productores de banano que escucharon la recomendación de la ministra de Agricultura y Ganadería, en el sentido que debían de dejar sus cultivos --afectados por las dos últimas inundaciones-- para dedicarse a sembrar maíz, debieron quedarse asombrados y menospreciados.

Porque solo las personas no informadas o malintencionadas pueden hacer una recomendación de tal naturaleza.

Lo correcto es rehabilitar las fincas, apoyando a los productores para seguir en una actividad que no solo es rentable, sino que, además da empleo y tiene un mercado asegurado en el exterior. Los funcionarios pasan por alto que el desarrollo de la Costa Norte fue posible por la industria bananera.

Que no fueron los inversionistas extranjeros y mucho menos los productores nacionales, los que corrompieron al gobierno. Este ya venía comportándose en forma anormal y delictiva, permitiendo a algunos políticos inescrupulosos, usar el gobierno en su favor y en contra del pueblo hondureño.

Antes del inicio del cultivo bananero. Las concesiones de Bonilla tuvieron sentido. El mejor periodo para nuestras exportaciones fue en la segunda década del siglo pasado. Que los políticos trastocaron por la tendencia anormal de irrespetar la ley. De modo que lo de “república bananera” no tiene que ver con un cultivo noble, adecuado al medio ambiente y que da empleo y produce divisas al país; sino que con el comportamiento de los políticos.

Por ello, Trump, en Estados Unidos, tiene una conducta política propia de una república bananera cuando Estados Unidos solo cultiva el banano como planta ornamental.

Carece de sentido práctico que la Secretaría de Agricultura y Ganadería no haya desarrollado una política para estimular el cultivo del banano e impulsar acuerdos comerciales ventajosos con Estados Unidos, Canadá y Europa.

Posiblemente no han tomado conciencia que el banano forma parte de la dieta alimenticia de una gran parte de los hondureños; y de nuestros vecinos salvadoreños a los que, en el pasado, les hemos abastecido.

Ahora, según vemos, estamos importando banano de Costa Rica o Colombia, lo que afecta nuestra balanza comercial en forma evidente.

El maíz y el banano no deben confrontarse. Más bien, deben saber los gobernantes que, a partir de este año, ingresa el maíz de los Estados Unidos libre de aranceles, por lo que la competencia es imposible, en vista de la tecnología, horas de sol y subsidios gubernamentales estadounidenses; y más bien lo hacen no competitivo para los productores hondureños que, solo lo cultivarán en laderas y tierras marginales, con propósitos de subsistencia.

En cambio, el banano es un cultivo permanente, de riesgo calculado, con mercados en donde tenemos espacios ganados, con productores de experiencia y una mano de obra hábil y calificada.

Por ello, recomendamos a los productores no hacerle caso a la ministra de Agricultura y Ganadería.

Más bien, deben buscar asesoría privada y aprovechar la apertura de los Estados Unidos, forjando alianzas con nuevas redes de financiamiento que serán más útiles, porque el gobierno estadounidense no mejorará sus relaciones con el gobierno, por lo que deben moverse en el plano de lo privado, abandonando el sobaco gubernamental.

Deben preservar sus cultivos aun con los mayores sacrificios; y buscar asesoría en la FHIA, con las compañías exportadoras o con economistas especializados para el diseño de estudios y propuestas.

Los empresarios del banano y en general todos los empresarios deben entender que el gobierno no es un buen socio porque no le interesa el éxito de los particulares y mucho menos el desarrollo del país.

Se ha convertido más bien en un adversario que no solo da malos consejos, sino que, además, vive golosamente del éxito de quienes menosprecia y engaña.

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