Fue un espectáculo muy lamentable el que protagonizaron los líderes del Partido Liberal la semana recién pasada en un programa de televisión. Las posturas que defendían, lejos de ser propias de un debate constructivo, se basaron en señalamientos, que aunque tenían elementos válidos se defendieron desde una trinchera de intransigencia con señalamientos hirientes.
Si bien es cierto el liberalismo debe alimentarse y evolucionar con base en la dialéctica, esta debe ser la lucha de las ideas y razonamientos para descubrir una verdad a través de su exposición y argumentación, y no el triste espectáculo que ofrecieron en el que la razón y la verdad se hicieron a un lado para darle cabida a la intolerancia.
El liberalismo, como una doctrina política, económica y social, se caracteriza por defender la libertad de la persona procurando una mínima intervención del Estado en la vida económica y social. Es una filosofía nacida a finales del siglo XVIII como una revolución ideológica contra las imposiciones dogmáticas, y practicada por pensadores tolerantes y abiertos. ¡Nada que ver con lo que estamos viendo en Honduras!
El pensamiento liberal, como filosofía política, se basa en tres principios: la defensa de los tres derechos naturales, estos son el derecho a la vida, la libertad, y la propiedad privada; la limitación del poder del Gobierno a regular la vida pública sin intervenir en las libertades individuales; y el respeto al Estado de derecho, como un freno a los abusos que se pueden ejercer desde el Gobierno para impedir el ejercicio arbitrario del poder.
En el debate, el presidente del Partido Liberal abandonó los principios elementales del liberalismo al querer imponer su autoridad.
Afortunadamente se superó aquella pretensión de limitar la participación política de los ciudadanos con la imposición de una cuota de un millón de lempiras para la inscripción de los movimientos internos, acción que va en contra de la propia ley electoral, y peor aún, en contra de los preceptos constitucionales, es decir, en contra de todo lo que representa el Estado de derecho.
Todo debate, toda exposición de ideas, todo diálogo, debe ser moderado y ponderado, el mismo principio debe reinar entre liberales porque siempre habrá desavenencias, y porque de eso trata la dialéctica, de la lucha de razonamientos en la búsqueda de la verdad.
El Partido Liberal viene sufriendo una crisis interna, no reciente, sino desde hace varias décadas. Recordemos aquel intento de un presidente del Congreso Nacional que, para ganarse la simpatía de un grupo religioso, quiso implementar la lectura obligatoria de pasajes bíblicos en todas las escuelas del país.
¿Qué pasó con la limitación del Gobierno a no entrometerse con las libertades individuales? ¿Es que la libertad de culto y creencia religiosa no es una libertad individual?
Con la estrepitosa caída de la confianza depositada por muchos ciudadanos en los partidos emergentes que llegaron a obtener el segundo y cuarto lugar en las elecciones pasadas ha surgido la imperiosa necesidad de reorganizar las filas del liberalismo; pero algunos de los que se han dado a la tarea lo están haciendo de acuerdo con los viejos estándares del partido, los equivocados, y es así como vemos a nuevos y viejos líderes, los que desconocen la filosofía política, los improvisadores, organizando al partido para hacerlo marchar a un nuevo fracaso.
Dentro del Partido hay personas valiosas que deberán actuar con firmeza para resguardar la verdadera filosofía liberal, no la del oportunismo que responde a una necesidad intestinal, sino aquella que defiende el Estado de derecho y protege las libertades individuales.
*Médico neurocirujano
Si bien es cierto el liberalismo debe alimentarse y evolucionar con base en la dialéctica, esta debe ser la lucha de las ideas y razonamientos para descubrir una verdad a través de su exposición y argumentación, y no el triste espectáculo que ofrecieron en el que la razón y la verdad se hicieron a un lado para darle cabida a la intolerancia.
El liberalismo, como una doctrina política, económica y social, se caracteriza por defender la libertad de la persona procurando una mínima intervención del Estado en la vida económica y social. Es una filosofía nacida a finales del siglo XVIII como una revolución ideológica contra las imposiciones dogmáticas, y practicada por pensadores tolerantes y abiertos. ¡Nada que ver con lo que estamos viendo en Honduras!
El pensamiento liberal, como filosofía política, se basa en tres principios: la defensa de los tres derechos naturales, estos son el derecho a la vida, la libertad, y la propiedad privada; la limitación del poder del Gobierno a regular la vida pública sin intervenir en las libertades individuales; y el respeto al Estado de derecho, como un freno a los abusos que se pueden ejercer desde el Gobierno para impedir el ejercicio arbitrario del poder.
En el debate, el presidente del Partido Liberal abandonó los principios elementales del liberalismo al querer imponer su autoridad.
Afortunadamente se superó aquella pretensión de limitar la participación política de los ciudadanos con la imposición de una cuota de un millón de lempiras para la inscripción de los movimientos internos, acción que va en contra de la propia ley electoral, y peor aún, en contra de los preceptos constitucionales, es decir, en contra de todo lo que representa el Estado de derecho.
Todo debate, toda exposición de ideas, todo diálogo, debe ser moderado y ponderado, el mismo principio debe reinar entre liberales porque siempre habrá desavenencias, y porque de eso trata la dialéctica, de la lucha de razonamientos en la búsqueda de la verdad.
El Partido Liberal viene sufriendo una crisis interna, no reciente, sino desde hace varias décadas. Recordemos aquel intento de un presidente del Congreso Nacional que, para ganarse la simpatía de un grupo religioso, quiso implementar la lectura obligatoria de pasajes bíblicos en todas las escuelas del país.
¿Qué pasó con la limitación del Gobierno a no entrometerse con las libertades individuales? ¿Es que la libertad de culto y creencia religiosa no es una libertad individual?
Con la estrepitosa caída de la confianza depositada por muchos ciudadanos en los partidos emergentes que llegaron a obtener el segundo y cuarto lugar en las elecciones pasadas ha surgido la imperiosa necesidad de reorganizar las filas del liberalismo; pero algunos de los que se han dado a la tarea lo están haciendo de acuerdo con los viejos estándares del partido, los equivocados, y es así como vemos a nuevos y viejos líderes, los que desconocen la filosofía política, los improvisadores, organizando al partido para hacerlo marchar a un nuevo fracaso.
Dentro del Partido hay personas valiosas que deberán actuar con firmeza para resguardar la verdadera filosofía liberal, no la del oportunismo que responde a una necesidad intestinal, sino aquella que defiende el Estado de derecho y protege las libertades individuales.
*Médico neurocirujano
