¿Quiénes son y qué hacen “les connoisseurs”? Se los voy a describir… seguro usted conoce a más de uno/una.
Una traducción literal del francés sería la siguiente: “Los Conocedores, idiotas que pretenden saber lo que todo mundo sabe que no pueden saber”.
Una buena explicación aclaratoria sería muy parecida: Idiotas que pretenden saber lo que todo mundo sabe que no pueden saber.
Son los antiguos “snobs”, personajes que se pavonean copa en mano, describiendo vinos como si supieran lo que dicen.
¿Quién puede hablar de vinos en Honduras? Creo que nadie, considerando que aquí sólo producimos vino de coyol.
Pero, deseosos de impresionar a todo el que se deje impresionar, pretenden hacer gala de sus “conocimientos” hablando sin empachos del “carácter”, la “estirpe” y el “abolengo” de un vino, mientras agitan la copa y fingen percibir “algo” en su aroma que el resto de nosotros -simples mortales- no somos capaces de distinguir ni siquiera en el olor de un vaso de “Cool Aid” (culei para el común de la gente).
Antes de seguir adelante voy a proporcionar un dato histórico sobre el vino: Hace un tiempo en Francia se desató un escándalo en la industria vinícola; resulta que muchos de los principales productores, de esos que ganaban premios en concursos, estaban vendiendo vinos sintéticos, (una versión de culei) y ningún catador se había dado cuenta. Si no hubiera sido por un empleado resentido que denunció la farsa, todos esos expertos seguirían hablando de “fuerza”, “pasión”, “cuerpo” y otras tonterías similares a las que escuchamos decir aquí a nuestros connoisseurs.
Doce de los más famosos productores de vino fueron acusados, algunos de ellos sentenciados a grandes multas y otros a prisión. Esto ocurrió entre los años 2006 y 2008, toda la información está disponible en Internet. ¿Podemos hablar aquí del “abolengo” de un vino? Seamos sinceros, aquí ni siquiera sabemos comer como la gente.
Vaya a cualquier restaurante y vea cómo manejan “los fierros” la mayoría de los clientes. Hay algunos que parece que se van a matar, por la forma en que utilizan el cuchillo al partir carne, otros empujan la comida hacia el tenedor con el dedo, la mayoría nunca hizo caso a su madre en aquello de no hablar con la boca llena y todos, absolutamente todos, hacen desagradables ruidos al sorber la sopa.
Finalmente lo más grueso: Muchos limpian sus dientes pasando la lengua por el frente, a manera de cepillo barredor.
¿Podemos ser conocedores de vinos cuando ni siquiera sabemos comer con la boca cerrada?
¿Podemos hablar de “aroma, nobleza y cuerpo” si no sabemos conducir los autos como en esos países civilizados que estamos tratando de imitar?
Aquí ni siquiera respetamos a los seres humanos que caminan por esas calles de dios (tampoco a las vacas, burros, perros y cerdos que frecuentemente comparten con la gente el derecho de vía).
La cultura y sofisticación de los pueblos no se puede medir por expresiones copiadas sobre la “consistencia” de un vino u otra estupidez parecida.
¿Cuántas bibliotecas hay en Honduras? ¿Cuántas librerías que merezcan llamarse tales? ¿Cuántos libros al mes lee como promedio cada hondureño? Seamos un poco condescendientes, ¿cuántos lee al año?
La próxima vez que escuche a alguien hablar de “el carácter” de un vino recuerde: la mayoría no sabe de lo que está diciendo, sólo tratan de impresionarlo a usted.
