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Las reglas del juego

  • Actualizado: 05 octubre 2016 /

Las reglas del juego en el aula de clases, en el trabajo o en el mismo hogar, deben estar claramente establecidas. El problema es quién las establece y quién debe obedecerlas o cumplirlas; quién premia o sanciona por su cumplimiento o no. Y, muy importante, en qué contexto temporal tienen en realidad validez estas reglas. Son reglas del pasado con valor a perpetuidad o son reglas dinámicas, propias del contexto y del momento en que se vive.

Consideremos por ejemplo, un típico primer día de clases, en un colegio o en una universidad. El profesor -que ese día ha tenido que marcar la hora de entrada a su trabajo colocando la huella de su dedo en un reloj, en una institución en donde, probablemente muy pocos en la administración se interesan por los contenidos que ese día el profesor presentará en la clase- le instruye a sus alumnos:
“La puerta del aula se cierra 5 minutos después de iniciada la clase. Que todo quede por escrito porque a las palabras se las lleva el viento. Pónganse claros, no sean deshonestos. Cuando preparen un documento -artículo, ensayo, cuadro de doble entrada o reporte- no pueden copiar y pegar, usar material de otra persona sin citar su trabajo; deben usar las normas académicas de rigor. Prohibido incluir citas de Wikipedia o el Rincón del vago en sus trabajos de investigación. Los exámenes serán en el aula, sin celulares o tabletas, y el que haga fraude queda automáticamente aplazado en la clase. Prohibido usar celulares en el aula. Cero WhatApp, Facebook, Twitter, Youtube y Spotify.

Finalmente les advierto, mi clase no es una pulpería, así que nada de tareas o cursitos en línea. La asistencia a mi clase magistral es obligatoria”. Y el rosario de prohibiciones sigue.

¿Fue mejor la educación en el pasado? Si usted es de la vieja guardia y posee muy poca alfabetización tecnológica no dudará en responder esta pregunta de una manera particular que yo respeto. Si usted estudia el tema educativo, quizás, su respuesta es otra. Si además, su formación actual ha sido y está siendo influenciada por la revolución científica y de tecnologías de la información que está ocurriendo en el tránsito del siglo XX al siglo XXI, su respuesta a la pregunta será un no definitivo.

Es probable que mucha gente de la vieja guardia abraza un paradigma que está de acuerdo con las instrucciones que ha dado el profesor en el párrafo anterior. Sin embargo, la gente que abraza el paradigma emergente en la educación no quisiera estar matriculado en la clase de nuestro profesor.

El problema es que, salvo excepciones dignas de rescatar, la escuela hondureña en todos sus niveles está educando y graduando con honores a los jóvenes del siglo XXI para que vivan, trabajen y cultiven relaciones sociales y familiares, en un mundo que ya no existe. Los educamos, les graduamos con honores, les damos pergaminos y medallas en el siglo XXI, para que vivan en el siglo XX.

No. No estoy afirmando que las tecnologías de información y comunicaciones en el aula de clase son la panacea. Lo que estoy planteando es que la dinámica de la generación del conocimiento en el siglo XXI va en la dirección en la cual el uso de los productos tecnológicos de esta gran revolución se hace indispensable si queremos ser educadores y educandos del presente. No, no es una moda. Es una tendencia disruptiva e irreversible que impregna las nuevas reglas del juego en todos los campos.
El pasado ya no es, el presente es hoy y el futuro no ha sido.
*Doctor en física y académico