En una sociedad cuya atmósfera está viciada y contaminada por la sospecha, duda, juicio y prejuicio, las personas no se miden por su competencia, sino por su astucia. Se ha perdido el respeto, dignidad y las leyes se vuelven una jungla, el más fuerte devora al más débil. Cuál es el menú del día: las conspiraciones secretas, el engaño, mentiras, falsedades y sabotajes, volviendo todo un juego de ajedrez donde nadie puede funcionar porque está en la posición incorrecta. Al final nadie gana y todos pierden. El arma más poderosa en este tiempo es el temor, que inunda hasta llegar al pánico, ha sido manipulador e intimidante, por el poder se llega a usar a las personas en lugar de valorarlas.

Ninguna sociedad puede prosperar en medio de la confusión y las batallas. Las luchas de poder son resultado de la falta de identidad, el orgullo y la altivez de espíritu. “¿De donde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”: Santiago 4:1-3 RVR60. Muchas veces esperamos que pasen cosas extraordinarias para realizar lo ordinario; realicemos lo que debemos y dejaremos una huella en los corazones. Si eres un diamante aprende a vivir con las presiones de la vida. Muchos pueden levantar físicamente cientos de libras, pero no pueden elevar su autoestima. Siempre habrá alguien que nos decepcione y algo que nos apasione; el perdón y el amor son armas poderosas en las guerras. “El odio despierta rencillas, pero el amor cubrirá todas las faltas”: Proverbios 10:12 RVR60.

Ya basta, es tiempo de avanzar, innovar, crecer y madurar, todos somos necesarios en una nación que a gritos pide paz.