La verdadera grandeza del ser humano no se mide por la fama o el reconocimiento de los demás, sino por la humildad y el trato amable para con el prójimo.
Cuando dejamos una pequeña área de nuestra vida sin entregar a Dios, esa grieta diminuta, ese punto débil, puede convertirse en la oportunidad que Satanás utilizará para entrar y destruir nuestra vida...
Nadie debe terminar como Judas. No importa lo que usted haya hecho, Cristo está con los brazos abiertos dispuesto a recibirlo, para demostrarle su amor y traer así perdón y restauración a su vida.