16/01/2026
09:20 PM

Las exigencias del bien

Jibsam Melgares

John Woolman fue un próspero mercader estadounidense del s. XVIII, perteneciente a la iglesia protestante Amigos, mejor conocida como los cuáqueros. Llevaba una vida cómoda hasta que, en palabras de Philip Yancey, “Dios le hizo sentir convicción por el ultraje de la esclavitud”.

Mediante ese llamado interior, Woolman advirtió que, si se pretende que el bien prospere sobre el mal, es necesario actuar en consecuencia. Por eso, decidió renunciar a su exitoso negocio para luchar en contra de la esclavitud.

Usó su dinero para comprar la libertad de diversos esclavos. Empezó a utilizar trajes sin teñir para no tener que usar el tinte producido por los esclavos. Viajaba a pie como manifestación de solidaridad con los esclavos, a quienes no se les permitía viajar en carruajes.

También se negaba a ingerir azúcar, ron, melaza o cualquier otro producto manchado por la labor esclava. Convenció a muchos dueños de esclavos cuáqueros para que liberaran a sus siervos. Cuando viajaba, y era servido por un esclavo, insistía en pagarle como justa retribución por su trabajo en atenderlo.

Rechazaba ser servido en tazas, platos y utensilios de plata, porque sabía que los esclavos en otras regiones eran forzados a excavar tales metales preciosos y gemas para único beneficio de sus explotadores. Yancey afirma que “en gran medida, gracias a este ‘callado revolucionario’, en 1787 ya no había un solo cuáquero del continente americano que tuviera esclavos”.

Como bien decía el político y escritor irlandés del s. XVIII, Edmund Burke, “para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. El bien tiene sus exigencias y para que no quede en puros conceptos, deseos o proyectos etéreos es necesario actuar. Siempre he creído que el mayor obstáculo para hacer el bien no es el miedo, sino la comodidad.

La necesidad está ahí, aguardando por nosotros. ¿Qué vamos a hacer por los sin voz, sin techo o sin familia; por los indefensos o los que sufren las injusticias de los poderosos? La decisión es nuestra.