Solo necesitas la luz cuando se está consumiendo, solo extrañas el sol cuando empieza a nevar, solo odias la carretera cuando echas de menos tu casa, solo sabes que la amas cuando la has dejado marchar; es más o menos lo que dice una parte de la canción de Passenger.
La escucho y no tengo más que aceptar que por muy irónico que suene, esa es la manera en que funcionamos las personas y que tal vez no sea del todo anormal, basta con ponerle un poquito de mente al asunto.
Muchas veces nos hemos recriminado el darnos de cuenta de algo que teníamos hasta después de no tenerlo más, en ese momento juramos que no nos volverá a suceder, que valoraremos las cosas cuando las volvamos a tener y puede que sea así al principio, pero luego ya no. Una vez que nos acostumbramos a tenerlo ahí dejamos de darnos cuenta de su presencia, una vez más lo ignoramos, lo volvemos a extrañar cuando lo perdemos y hacemos de nuevo el juramento.
Y como digo, tal vez tenga un poco de sentido que seamos así.Hace algunos años la revista Historia y Vida publicó un excelente artículo sobre Ernest Hemingway en el que se analizaba esa costumbre del escritor norteamericano de escribir sobre un lugar únicamente cuando ya se había alejado de él, “como si la distancia le diera lucidez” observaba el autor del escrito.
Con mucha razón ya que a veces es necesario poner distancia entre uno y el asunto que debe resolver, esto permite ver las cosas con más claridad. Y nos damos cuenta de que eso es cierto cuando vemos que ha sido necesaria la lejanía o pérdida de algo o alguien para hacernos “despertar” y reparar en ello. Me sucede y sobre todo ahora con las redes sociales donde todo el mundo se expone de la manera que lo hace.
Personas no tan cercanas de las que tenía cierto concepto, las veo ya de manera diferente o los artistas que me gustan tanto, prefiero no seguirlos porque se que veré alguna cosa que no me gustará o con la que no esté de acuerdo y no quisiera que me dejen de gustar.
Recuerdo ahora mismo una entrevista en la que el talentosísimo escritor español Arturo Pérez-Reverte aseguraba que prefería que sus admiradores no se acercaran tanto a él, precisamente porque podrían notar algo que les disgustara y seguramente dejar de admirarle por eso. Y creo que eso mismo está sucediendo hoy en día con los próceres en todos lados.
Tanto los historiadores como la internet están revelando datos que muchos no conocíamos sobre ellos y eso nos hace verlos de una manera distinta. Y es que en la escuela nos enseñaban únicamente su lado patriótico, las hazañas logradas, sus éxitos. Y ahora estamos conociendo su lado humano, o sea, sus errores y equivocaciones y esto ya no nos gusta tanto.
Entonces, a veces es mejor mantener ciertas cosas o personas “de lejitos” como decimos popularmente. Ahora, cuando se trata de la persona que uno ama, esa a la que adoramos tal y como es, sería bueno escuchar a don Pablo Neruda cuando nos dice: “No hagas con el amor, lo que hace un niño con su globo, que al tenerlo lo ignora y al perderlo, llora”.