Hasta esa fecha, esas dos importantes extensiones del territorio hondureño habían sido en forma abusiva usurpadas por Inglaterra, en clara ofensa a Honduras y a los hondureños. La celebración a la que aludo se efectúa como parte de las actividades de la Comisión Nacional del Bicentenario de la Independencia Nacional.
Y tiene el propósito de resaltar los actos más relevantes de la historia patria con el fin de fortalecer la unidad nacional, contribuir al sentido patriótico de todos y establecer las líneas generales para un auténtico desarrollo integral.
Hasta 1859, durante el gobierno de José Santos Guardiola, Gran Bretaña, dirigida por la longeva reina Victoria, ocupaba ilegalmente las Islas de la Bahía y dominaba, política y económicamente, lo que conocemos como La Mosquitia.
En las Islas tenían un gobernador inglés que dirigía los asuntos públicos de los habitantes insulares, se aplicaban las leyes británicas y ondeaba la bandera de la que empezaba a ser cada día menos la “reina de los mares”. Era una potencia mundial que había empezado su decadencia. Estados Unidos, mientras tanto, daba sus primeros pasos para hacer del Caribe un “mare nostrum”, por lo que era inevitable frenar a la potencia europea en sus ambiciones. Por esa razón, Estados Unidos apoyó a Honduras en la recuperación de un territorio que desde el tiempo de la colonia española había sido parte de su soberanía territorial.
Pero, además, desde los tiempos de la colonia, Gran Bretaña ocupaba ilegalmente los extensos territorios de La Mosquitia, en donde, además de imponer sus caprichos imperiales, contrabandeaba en contra de España e introducía por el río Patuca mercadería que vendía a los olanchanos. Víctor Cáceres Lara nos refirió que, en mucho, el carácter levantisco de los olanchanos había sido animado por los contrabandistas ingleses. Pero, además, todavía en tiempos de la federación y los inicios de la República, Inglaterra nos había impuesto un ridículo Rey Mosco, al que le daba protección militar e incluso, en un acto de soberbia, obligó a que el gobierno de Francisco Ferrera se encargara de la educación del heredero que, en una indigna ficción, estaba llamado a perpetuar al Reino Mosco.
El tratado firmado entre el gobierno de Guardiola y la reina Victoria garantizó los bienes y propiedades de los isleños y los misquitos. Les permitió el ejercicio de su religión, pudiendo emigrar los que así lo quisieran. En la actualidad, las Islas de la Bahía son un orgullo para los hondureños y muestran un nivel de desarrollo superior a otras zonas de Honduras gracias al carácter emprendedor de sus ciudadanos y el apoyo de los diferentes gobiernos de la república. Desde 1957 — año en que la Junta Militar de Gobierno creó el departamento de Gracias a Dios— tienen las dos regiones reintegradas representación en el Congreso Nacional. Y hace muy poco tenían un ministro originario de las Islas de la Bahía integrando el gabinete del Gobierno central.
La Mosquitia acusa un proceso más lento de desarrollo. El tema cultural ha sido muy descuidado y los narcotraficantes estimulan el incumplimiento de las leyes hondureñas, afectando el honor y la dignidad del país. En Islas de la Bahía hace falta más atención gubernamental y más integración cultural, la cual esperamos que, después de cumplir 200 años, podamos impulsar con la energía requerida.