En un mundo en el que las demandas sociales y ambientales son crecientes, las empresas y organizaciones tienen el llamado constante a participar respondiendo no solamente a sus obligaciones primarias, que pueden resumirse en generar valor, sino en reconocer los impactos positivos y potencialmente negativos que genera su actuación en la comunidad y el medio ambiente.
De eso se trata la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), de responder a los públicos con los que las empresas se relacionan -llamados partes interesadas- y contribuir con el desarrollo sostenible del país y del planeta.
Hace pocos días, la Fundación Hondureña de Responsabilidad Social Empresarial, FUNDAHRSE, hizo entrega del reconocimiento Sello Empresa Socialmente Responsable (ESR) a 80 empresas y un gremio que tienen operaciones en el país.
El creciente número de empresas que adoptan la RSE y la sostenibilidad como filosofía de gestión de negocios es un buen indicador de una mayor conciencia de ser parte de las soluciones que requiere el país.
La participación de las empresas como actores indispensables del desarrollo es ampliamente aceptada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), plasmada no solamente en el Pacto Global, sino también en la creación y el trabajo conjunto por la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
La empresa privada tiene, cada vez más, un rol importante no solamente como mecenas de proyectos, también como partícipe en la creación, ejecución y evaluación.
En ese sentido, el mundo empresarial tiene mucho que ofrecer: desde su visión estratégica, la agilidad de su actuación y el conocimiento sobre la realidad de las comunidades vista más allá del paternalismo que podría despertar el Estado.
De acuerdo con estadísticas de FUNDAHRSE, sus empresas miembros aportan más de 787 millones de lempiras en proyectos de RSE y sostenibilidad; es decir, en proyectos de desarrollo económico, social y ambiental, orientados a distintas temáticas: educación, salud, reforestación, etc.
Estas empresas desarrollan procesos de consulta e implementan mecanismos de transparencia y rendición de cuentas; además, asumen la mejora continua como parte de su cultura.
En la actualidad, tener trayectoria en RSE es un valor importante para las empresas, pues les permite ser interlocutores válidos con distintos sectores, adaptándose, aprendiendo a ser más resilientes y hablando el mismo lenguaje que su entorno.
Como en casi todos los temas, en éste también hay detractores, señalando los errores que las empresas cometen aún siendo reconocidas como socialmente responsables. Sobre este particular, hay que reconocer que la perfección no existe y que en este caso, el Sello es una señal clara del compromiso asumido por cada empresa y gremio, pero no una afirmación de que sus actuaciones son infalibles.
Aún falta mucho por hacer en la creación de una cultura empresarial que haga propia la RSE y la sostenibilidad, no solamente en Honduras, sino en el mundo entero.
Pero también debemos aprender a apreciar a quienes deciden ser protagonistas y no espectadores en un escenario repleto de desafíos de todo tipo.
En sociedades como la nuestra, el riesgo es que el apoyo empresarial se diluya en el mar de necesidades. Por ello es vital la construcción de alianzas, la priorización de proyectos y sobre todo, la participación de las empresas en la búsqueda de un mejor futuro para todos. ¡A seguir impulsando la RSE!