¿Ha probado el amor?

Este es el poder del amor, querido lector. Cuando todos los demás recursos fracasan, él es el único capaz de obtener la victoria.

  • Actualizado: 17 de enero de 2026 a las 00:00 -

El sargento, con su paciencia agotada y sus nervios al borde del colapso, presentó ante el coronel el caso de un soldado que estaba a su cargo, el cual era terco e indómito, rebelde a toda disciplina.

—Mi coronel —explicó—, ya lo he intentado todo. No sé qué más hacer con él.

—¿Todo, todo? —replicó el coronel, clavando en él una mirada inquisitiva—. ¿De verdad has probado todo?

—Todo, mi coronel: desde el calabozo hasta los bofetones; pérdidas de permiso, castigos... todo, absolutamente todo.

—¿Has probado el amor?

—¿El amor? —preguntó el sargento, desconcertado, como si acabara de oír la mayor de las tonterías.

—El amor —respondió el coronel.

Entonces el sargento, abandonando la oficina, fue en busca del soldado. Se colocó a su lado, pasó un brazo sobre sus hombros, lo atrajo hacia sí y le habló con una bondad que desarmaba. El soldado, profundamente turbado, bajó la cabeza, vencido por la vergüenza. Las lágrimas luchaban por escapar de sus ojos cuando, con voz temblorosa, confesó:

—Mi sargento... he sido malo. Ahora lo comprendo. Pero no volveré a serlo jamás, recordando su bondad y sus palabras.

Este es el poder del amor, querido lector. Cuando todos los demás recursos fracasan, él es el único capaz de obtener la victoria. Tal como lo expresara un autor:

“El mismo Dios, fuente de toda sabiduría, al ver que ni la ley de sus mandamientos ni el rigor de sus castigos lograban vencer el corazón rebelde del pecador, envió a su Hijo al mundo para hablarle con amor y para sufrir la cruz como prueba del mismo. Jamás el temor de Dios habría alcanzado las incontables victorias que ha logrado su amor en el trato con los hombres pecadores y rebeldes”.

Por eso, sea usted un padre con un hijo obstinado, un docente con un estudiante problemático, un casado con una pareja difícil o un jefe con un subalterno tozudo, recuerde que el castigo, cuando actúa solo, endurece el corazón. Pero el amor, en cambio, es capaz de ablandarlo y transformarlo.

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